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Jacques Chirac vive virtualmente secuestrado por su hija | Carlos Siula

  • Carlos Siula

PARÍS, Francia.- El expresidente Jacques Chirac, que gobernó Francia entre 1995 y 2007, vive encerrado en su casa, virtualmente prisionero de su hija Claude, según admitieron recientemente varios de sus viejos amigos.

Esos detalles trascendieron el miércoles último, cuando el expresidente -que cumplió 83 años el 29 de noviembre último- fue ingresado en un hospital de París para someterse a un control general. “Como se sentía un poco débil, [los médicos] consideraron oportuno realizar un chequeo. Permanecerá algunos días o, como máximo, una semana”, informó su hija Claude Chirac.

Se trata de la tercera hospitalización en tres años. Hace exactamente dos años, en diciembre de 2013, sufrió una intervención renal en La Pitié Salpetrière. En enero de 2014 volvió a ser ingresado al Hospital Americano de Neuilly, en un suburbio de París, por una crisis de gota.

Algunos amigos que acudieron hasta el nosocomio para interesarse por su estado, fueron impedidos de llegar hasta su habitación.

Ese grupo de íntimos, que lo acompañó en la mayor parte de su carrera política, afirma que Chirac vive desde hace años recluido en su domicilio, prácticamente secuestrado por su hija Claude y su esposa Bernadette.

Esa medida obedece a la delicadas condiciones físicas del exjefe de Estado, que durante más de 70 años gozó de una salud de hierro y que, según una reciente encuesta, es la personalidad política preferida de los franceses.

Su última aparición pública data de noviembre de 2014, cuando asistió a la entrega de premios de su fundación en una ceremonia realizada en el Museo del Quai Branly. Visiblemente afectado por su enfermedad, en esa ocasión se desplazaba dificultosamente con pasos cortos y con una mano apoyada sobre el hombro de su guardaespaldas.

El virtual enclaustramiento de Chirac fue decidido por su hija para no empañar la imagen del hombre que marcó la vida política de Francia durante casi medio siglo.

“Hasta hace poco tiempo, lo iba a visitar y a veces lo invitaba a tomar un chocolate a la terraza del café La Palette”, ubicado en la rue del Sena, a pocos pasos del río y del apartamento que ocupa el expresidente en el Quai Voltaire, con vista al Museo del Louvre. Chirac se sentía complacido cuando la gente lo reconocía y se acercaba a saludarlo en reconocimiento de su obra como jefe de Estado. Pero, desde que dejó de caminar, su hija “no quiere que su padre utilice silla de ruedas en público, como si los franceses fueran a dejar de quererlo porque sus piernas no le responden a los 83 años”, se indignó ese antiguo colaborador de Chirac.

UNA DE sus últimas salidas. Desde entonces solo se desplaza en silla de ruedas.

UNA DE sus últimas salidas. Desde entonces solo se desplaza en silla de ruedas.

Las primeras restricciones se advirtieron en enero de 2014, después de su aparición en el Museo del Quai Branly. En ese momento, su esposa se declaró convencida de que su marido “no volvería a hablar nunca más en público”.

– ¿Tiene Alzheimer?—, se inquietó un excolaborador.

“Honestamente no lo creo. No tiene los síntomas característicos, pero es cierto que sufre en forma intermitente de una pérdida de memoria. Es muy variable”, le respondió Bernadette Chirac.

Ese año pasó las vacaciones en Agadir (Marruecos) en compañía de su esposa en una residencia prestada por el rey Mohammed VI. “Hace largas siestas, lee poco y hace algunos paseos. A veces sale con amigos a comer en el puerto”, aseguró un miembro de su familia.

Cuando iba a visitarlo, otro de sus excolaboradores lo invitaba a beber una cerveza en un bar de las inmediaciones. “Al volver me hacía regañar por Claude”, asegura.

En la misma época, su esposa Bernadette riñó a su guardaespaldas porque no le impidió beber cerveza. Chirac fue siempre un gran amateur de Corona. “Ahora vaya a comprarle un babero porque esta semana ya me manchó cuatro trajes”, lanzó al guardaespaldas.

Desde hace un tiempo, su hija o su esposa decidieron estar presentes en cada visita que recibe. Inclusive el presidente François Hollande, que lo visitó recientemente en su residencia de Bity, en Corrèze, tampoco tuvo derecho a permanecer en tête-à-tête con su viejo amigo.

CHIRAC ENTRE su esposa y su hija (en 2013). Ni el derecho de beber una cerveza.

CHIRAC ENTRE su esposa y su hija (en 2013). Ni el derecho de beber una cerveza.

En las últimas elecciones regionales no pudo ir a votar, pero le entregó un poder a su esposa para que pueda hacerlo en su nombre.

Chirac dejó de concurrir una o dos veces por semana a las oficinas de su fundación, cerca de la Asamblea Nacional, donde solía encontrarse con sus amigos.

Esas escapadas le permitían volver a fumar uno o dos cigarrillos. El expresidente, que fue un gran fumador durante gran parte de su carrera política, había abandonado el tabaco, pero en los últimos años volvió a su viejo amor, aunque ahora debe hacerlo en forma clandestina, como un adolescente, con la complicidad de sus guardaespaldas o sus amigos.

“Claude tiene la idea fija de proteger a su padre. Desde hace años fue tendiendo un muro cada vez más alto en torno del expresidente”, comentó la periodista Béatrice Gurrey, autora del libro Chirac y los secretos del clan. “Antes lo rodeada con el pretexto de impedirle que cometiera gaffes, ahora la excusa es la enfermedad”, concluyó.

/arm