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“Jamás dejen de soñar…” | Gabriela Mora Guillén

  • Gabriela Mora

“El show debe continuar”. Después de todos los preparativos, de las incomodidades y de la emoción muchas veces desbordada que México volvió a sentir, Francisco ha regresado al Vaticano y los católicos mexicanos quedamos nuevamente con una sensación de vacío, de desamparo desprotegidos, lo cual nos lleva a ratificar nuevamente la carencia de un liderazgo real en el país; Jorge Mario Bergoglio ha referido en varias ocasiones la grandeza de esta patria en la que “somos más los buenos”, y sí
nos urge un líder que, al igual que los pontífices cuando nos han visitado, nos haga cimbrar, nos cree conciencia, nos llegue al corazón

En efecto, Francisco no vino a resolver los problemas de este país, puesto que salir de ellos depende de los mexicanos; sin embargo, hemos de reconocer que el Papa sí ha dejado algo importante en México con sus mensajes y la invitación para ir más allá de la queja y el desaliento por todos los problemas que este país padece, dejar la flagelación y el desánimo que cotidianamente nos abordan, asumir nuestra parte de responsabilidad y poner manos a la obra para, en lo que a nosotros corresponde, aportar soluciones, ideas, ¡¡¡acción!!!

En definitiva, el Pontífice no vino a repartir regaños. Desde antes de llegar a México había referido que vendría a aprender, no a dar lecciones; no obstante, sí hizo referencia a los principales problemas del país, pero aportando reflexiones, apreciando valores, destacando virtudes de este enorme pueblo, algo que a menudo no hacemos, es más, pasamos desapercibido.

Pero de que Francisco habló fuerte, habló fuerte. En Palacio Nacional, por ejemplo, le dijo al Presidente que no todo se resuelve con adecuaciones a las leyes, siempre necesarias. Después, encontró un Zócalo vacío lo cual le dio evidencia de la distancia que existe entre las autoridades y la gente; y ya en Catedral, su mensaje a quienes dirigen la función episcopal en México se salió del discurso para lanzar: “Esto es esencial, hermanos, esto no está en el texto pero me sale ahora: si tienen que pelearse, peléense, si tienen que decirse cosas, se las digan, pero como hombres, en la cara”, lo dijo ante las intrigas , los golpes, las verdades a medias que caracterizan la forma de hacer política, incluso en aquél ámbito.

En Ecatepec se refirió a las tentaciones que degradan a esta sociedad: “La riqueza, adueñándonos de bienes que han sido dados para todos y utilizándolos tan solo para mí o ‘para los míos’”; segunda tentación, “la vanidad, esa búsqueda de prestigio en base a la descalificación continua y constante de los que ‘no son como uno’, ésta va dejando paso a la tercera tentación, la peor, la del orgullo, o sea, ponerse en un plano de superioridad del tipo que fuese, sintiendo que no se comparte la ‘común vida de los mortales’, y que reza todos los días: ‘Gracias te doy, Señor, porque no me has hecho como ellos’”.

Mensajes clave lanzó varios, imposible recuperarlos todos en este breve espacio pero nos alentó: “En muchos momento y de diferentes formas, Dios le ha echado ganas a nuestra vida…”. A los jóvenes: “Ustedes son la riqueza de México, no la esperanza de la Iglesia… no les estoy sobando el lomo”… “No pierdan el encanto de soñar…”. “En el arte de ascender, la derrota no está en caer sino en permanecer caído…”.

Nos recomendó cuando nos encontremos en problemas, dirigirnos a Jesús: “Él es capaz de transformar nuestras miradas, nuestras actitudes, nuestros sentimientos. Él es capaz de sanar nuestros corazones e invitarnos una y otra vez, setenta veces siete, a volver a empezar”.

Y en cuanto a la familia, reconoció que “vivir en familia no es siempre fácil, muchas veces es doloroso y fatigoso pero prefiero una familia herida, que intenta todos los días conjugar el amor, a una familia y sociedad enferma por el encierro o la comodidad del miedo a amar”.

Francisco lanzó constantemente llamados para que como sociedad apostemos a las personas y a la vida; que hemos de resolver nuestros problemas sin violencia sin ver en el crimen una salida; se refirió a los delincuentes como nadie al decirles que son “traficantes de muerte”.

El Papa nos ha convocado a dejar décadas de paternalismo, a dejar de creer en el Estado omnipresente, ése que todo lo debe resolver, puesto que ello trae consecuencias nefastas: “quitarle a la gente la capacidad de incidir en su realidad”. Debemos todos, como “viajeros del mismo barco, trabajar juntos, sociedad y ciudadanos”.

Conceptos clave varios: reconciliación, esperanza, memoria histórica, compromiso con la justicia, acción en favor de los pobres.

Hablamos pues de un gran líder, un teólogo y un pastor religioso, pero igualmente es un político y jefe de Estado, que nos invita a “echarle ganas a la vida ¿Le echamos ganas? Así me gusta”.

gamogui@hotmail.com

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