imagotipo

Jazzamoart, el demonio / Ramón Ojeda Mestre

  • Ramón Ojeda Mestre

No creo en el Diablo, pero de que existe, existe, se me ha aparecido varias veces. Algunas en forma de mujer y otras en forma de político mexicano. Y no me refiero al “Diablo” de las Fuentes Rodríguez, que en paz descanse y que su muerte prematura le impidió ver el papelazo que su paisano, el coahuilense Humberto Moreira Valdez, está protagonizando en la tierra donde no respetan ni a la infanta del rey que mataba elefantes con su amante. O, mejor dicho, del rey que con su amante iba a matar elefantes en el África para no quedar mal ante los japoneses que asesinan ballenas o frente a los canadienses que masacran miles de focas a garrotazos.

En fin, los demonios andan sueltos y creo que Jazzamoart, el genio de la pintura mexicana es uno de ellos. Sí, hay demonios buenos y demonios malos, como usted comprenderá Señor secretario, pero Jazzamoart el pintor que mejor que nadie maneja el color en las artes plásticas en México, es indudablemente un genio satánico pintando esas explosiones de color y forma, que conceptualiza además con insinuaciones musicales, francamente colindantes con lo pornográfico, o tal vez solo con lo erótico fantasmal.

Jazzamoart no se ha dejado intimidar por los culebrones de Sean Penn o de la heterodoxa Kate del Castillo con el aporreado Joaquín Guzmán Loera el más famoso sinaloense, o del infortunado Moreira el expresidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI y exgobernador de Coahuila, que ha caído en las redes tortuosas de la sigilosa justicia española amarchantada con los tentáculos de las implacables Fiscalías de Estados Unidos de América. Me recordó el poema de Fernando Celada el de Xochimilco, llamado el “Poeta del proletariado”, que escribió: “Cayó como una rosa en mar revuelto y, desde entonces, a llevar no he vuelto, a su sepulcro lágrimas ni flores, porque el ingrato corazón olvida, cuando está en los deleites de la vida, que los sepulcros necesitan flores”. Hay que buscar ese gran libro de toda su poesía que publicó Teodoro Rentería con el sello editorial del Club de Periodistas.

En fin, Jazzamoart, el artista que tanto enaltece a México inaugura o devela el maravilloso mural llamado “El antro de las mil ventanas”, en el Museo de la Ciudad de México este jueves 21 de enero a las 7 de la noche. El Museo está en Pino Suárez 30, a dos cuadras del Zócalo. El mural es de treinta metros cuadrados, para que se dé usted una idea. Asista, diga que va de mi parte y lo dejarán entrar gratuitamente para que vea esta sorprendente pieza de homenaje a
Joaquín Clausell.

El hecho de que la obra se llame “Antro” del lat. “antrum”, y éste del gr. “αντρον”, ántron, confirma mi tesis de que Jazzamoart, el genio de los colores de capote taurino, es un demonio. Antro es una palabra que significa caverna, cueva, gruta, pero también  local, establecimiento, vivienda, etc., de mal aspecto o mala reputación, según el diccionario de la Academia. Quienes han visto pintar a Jazzamoart dicen que en el momento de creación se quita los lentes de soldador que usa, despide fuego por los ojos, llamas azules y rojas que derriten los óleos, logra que brillen o refuljan mágicamente en sus lienzos y hace movimientos espasmódicos como en una danza ritual del fuego evocando al “Amor Brujo” de Manuel de Falla. Es  que a Jazzamoart también lo poseyó, lo hizo suyo, cuando adolescente, la placentera Euterpe, la musa de la música, si se me permite la elipse.

No se hable más de este diabólico asunto. No discuta, es una orden, váyase a la develación el jueves 21 en el Museo y veamos inmolarse en su hoguera a Jazzamoart.
rojedamestre@yahoo.com