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Jinetes en la tormenta / Numerados / Camilo Kawage

  • Camilo Kawage

1.- La cuestión del crecimiento económico de las naciones se halla envuelta en enigmas de la más diversa variable que los matemáticos suelen anticipar y los financieros descifrar para justificar por qué las previsiones no se lograron. Las ciencias económicas deberían incluir la asignatura de “tiempos difíciles”, así como tienen una que trata “los grandes problemas nacionales”. Toda la claridad con que el gobernador del Banco de México procura explicar las revisiones a la baja de los estimados de crecimiento del PIB, a veces no alcanza para que los legos entiendan fenómenos que parece se contradicen y se confrontan. Llevamos varios días de alza en el mercado bursátil, en el valor del peso y en el petróleo, así como un horizonte borrascoso para Pemex y cuanto le rodea.

2.- El cuanto le rodea tiene que ver con miles de empresas privadas de todos los tamaños que son proveedoras del empequeñecido gigante y a las que se les ahoga porque o no se les paga lo que ya entregaron, o porque ya no se les contrata. Ahí se pierden o se dejan de crear cientos de miles de empleos, se frustran trayectorias, se cancelan esperanzas y se extravía el futuro de muchos profesionales y expertos que, además suceden ser jefes de familia que alguna vez tuvieron sueños y trazaron perspectivas que hoy se ven nubladas. Más que doctas explicaciones sobre las variables, el Gobierno debe diseñar un paliativo a este rubro específico, fuente de vida de tantas personas.

3.- Porque no solo de Trump vive el hombre, ni podemos quedarnos en el permanente pasmo por cuanto sale de la boca de ese personaje. Sin quitar una coma de los calificativos que tiene ya colgados, la prudencia con que el Gobierno de México se ha expresado al respecto -sobre todo por la posibilidad de que los norteamericanos lo lleven a la Casa Blanca, en uno de esos accidentes penosos de la Historia en que el furor del instante, el carisma al revés y la osadía de los ilusos le den el voto-, no podemos sustraernos del peligro, ni desatender nuestra propia casa.

4.- Todas las barbaridades del neoyorquino, que a muchos pueden parecer reacción impulsiva de un temerario burdo y ruin, son en verdad cálculos perfectos de la más sofisticada mercadología que el dinero puede comprar –y el de este señor puede comprar mucho-, y por eso se mofa con la más impávida hipocresía hasta de su más cariñoso amigo. Que mande golpear y sacar del salón a un fotógrafo de TIME y lo acuse de ser mexicano, no es acto fortuito. Lo tiene mejor planeado que la ceremonia del Oscar. Falta ver que tienen que decir los millones de europeos en el país vecino prófugos, sobrevivientes del holocausto y sus descendientes, sobre esta versión medieval del führer.

5.- Tiempos difíciles para muchos mexicanos de los dos lados de la frontera, porque aquí nos rasgamos las vestiduras por un cobarde insuceso que no cederá pronto a la vergüenza de la nación y, como se había adelantado aquí hace muchos meses, ha sido y es capitalizado por varios vividores de los derechos humanos y un gallego que quiere cobrar en efectivo su venganza contra las instituciones de la República que le cerraron el paso, porque lo conocen demasiado bien, para que fuera presidente de la comisión nacional del tema, con poderoso cargo al Estado que sufragamos todos los mexicanos, hasta los que viven en Sausalito, California.

6.- Tenemos claro que siempre está oscuro antes de amanecer. Pero que es una noche larga, desestrellada y fría, y que reclama kilos de inspiración, creatividad y amor, no parece quedar duda, y la habremos de dejar atrás.
camilo@kawage.com