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José Saramago

  • José Roberto Ruíz Saldaña

José Roberto Ruiz Saldaña

El próximo sábado se conmemoran seis años de la muerte del Premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago, quien fuera un hombre con un gran sentido ético, calidad humana y crítico ante las enormes injusticias y desigualdades de nuestras sociedades modernas.

José Saramago fue Doctor Honoris Causa por las universidades de Turín, Sevilla, Manchester, Castilla-La Mancha, Carlos III de Madrid y Brasilia. En el evento en el cual recibió el doctorado en la Universidad Carlos III apuntó que ese tipo de ceremonias no engrandece tanto a quien se le otorga sino a la institución que lo concede. No podía estar menos de acuerdo: mi universidad, al reconocer en Saramago sus méritos literarios, su compromiso social en defensa de la dignidad del ser humano, sus derechos y la paz, expresó su perfil y vocación y se apropió parte del prestigio del homenajeado.

El también Premio Camoes, militante del Partido Comunista de Portugal, no negó su postura ideológica. Dijo que era socialista y que creía en el socialismo porque éste no falló sino los hombres que, en su nombre, gobernaron. Retomando a Carlos Marx, Saramago pensaba que “el pueblo tiene dos opios, uno que se llama religión y otro que se llama futbol” y, al igual que aquél autor, arremetía contra la religión diciendo que ésta “distrae porque te promete que la vida es solo un paso en dirección a la eternidad y en la eternidad vamos a resolver todos los problemas”; o bien, se atrevía a señalar que el punto de partida para el debate de las ideas, incluso para el propio socialismo, ha de ser una frase ejemplar de Marx y Engels contenida en “La Sagrada Familia”: “Si el hombre es formado por las circunstancias, entonces hay que formar las circunstancias humanamente”.

José Saramago, contrario al pensamiento socialista y comunista que conciben optimistamente el futuro de la humanidad y la dirección de la historia, tenía grandes dosis de pesimismo. Él se preguntaba si se puede ser optimista en un mundo como éste, cuando “la gente se está muriendo de hambre”, cuando no se hace nada y con el 10 por ciento de lo que se gasta en armas en el mundo se podría, por ejemplo, resolver el problema del analfabetismo. Su tono de pesimismo era: “hay millones y millones de personas que cuando nacen ya saben para lo que nacen: para la miseria”.

Para el primer escritor portugués en conseguir el Nobel, incluso la democracia era fuente de pesimismo y ello por dos razones: porque no hay medios adecuados de participación del pueblo en la vida pública, de modo que la democracia muere cuando el voto entra en la urna, y porque el “poder político es el que menos cuenta, el poder real es (el) económico y no es democrático”.

Pienso que la estrategia de Saramago más bien era aplicar una fuerte dosis de “pesimismo” para sacudir nuestras conciencias y que, en sus mensajes, siempre invitaba a la movilización muy disimuladamente. Así lo hizo por ejemplo en el campus universitario de Getafe, Madrid, en 2003, cuando deslizó la invitación para reinventar la democracia, como tarea urgente, y para ello reclamó la ayuda de la Universidad como institución.
Consejero electoral del INE

@Jose_Roberto77

joseroberto.ruiz@ine.mx