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Josefa, el musical de México

  • Entre Piernas y Telones : Hugo Hernández

Buen trabajo, que vale mucho la pena ver

Por HUGO HERNÁNDEZ
Hace una semana en este mismo espacio dije que los compositores mexicanos tenían un pendiente con el teatro musical, pues si bien hay muchos ejemplos de obras de este género producidas en nuestro país, no se trataba de un trabajo permanente y continuado.

Hoy tengo que empezar a retractarme, pues por segunda vez consecutiva hablaré de un musical concebido, escrito, desarrollado y montado en nuestro país. Se trata de Josefa, el musical de México, que me dejó un muy grato sabor de boca.

La historia de cómo se gestó este montaje es casi tan interesante y accidentada como la vida de su personaje protagónico.

Cuenta se autor y productor, José Dolores González, que la idea original fue escribir un guión para una película que habría de estrenarse en el marco del bicentenario de la Independencia. Para que así sucediera comenzó a trabajar en su idea hace más de 10 años.

Finalmente, luego de varias versiones, desilusiones, desencuentros con personalidades del cine, desistió de su idea de filmar la historia, aunque no de llevarla a algún escenario. Sus amplios conocimientos musicales lo orillaron de manera casi natural a escribir una ópera que gracias a su necedad, como él mismo la califica, pudo estrenarse en el 2010, diciembre, pero aún 2010, y de la cual ofrecieron sólo 3 funciones en su natal Querétaro, precisamente hogar también de la afamada
Corregidora.

Esa ópera es la cimiente del musical que hoy hace temporada en el teatro Hidalgo (elección más que atinada).

Nada hablaré de la trama, por todos más o menos conocida, lo que sí diré es esta puesta nos ofrece un panorama claro de uno de los personajes capitales del movimiento independentista en México, y al que la historia ha hecho poca justicia, con datos, según cuenta el autor, extraídos de documentos reales, localizados en el Archivo General de la Nación, incluso aquellas escenas chuscas muy celebradas por el público del musical.

Excelente trabajo del autor, quien intercala los números corales, con los coreográficos y con los solos de los protagonistas, lo que da muy buen ritmo a la trama, alejada por completo de una aburrida clase de historia.

A esto se suma, y vale mucho la pena subrayarlo, una puesta en escena ágil y muy bien resuelta tanto en la muy detallada dirección (Edgar Cañas), como en la funcional escenografía (Daniel Ramírez, padre e hijo); la excelente iluminación (Óscar Acosta); la provocadora coreografía (Gerry Pérez) y el detallado vestuario (Jessa Núnez).

Justo y necesario es hablar del reparto, que conjuga nombres muy conocidos del género, con jóvenes que, sin duda, brillarán en él, en un futuro cercano. Jimena Parés hace a una Josefa fuerte, segura, cantando excelentemente bien. A su lado brillan los experimentados Manuel Landeta, José Antonio López Tercero, Hugo Serrano y Lalo Partida; y entre las promesas se encuentran Sergio Morel, Manuel Corta, Alejandra Desimone y, quizá el más prometedor es el muy sólido Óscar Ugalde.

Alguien por ahí ha dicho que Josefa es el Hamilton mexicano (“otros, apunta el autor, lo califican del Hamilton pobre”). No hay punto de comparación, o quizá sí lo haya: el gusto de encontrar en las raíces nacionales historias que hablen a sus propios ciudadanos para recordarles lo que un día soñaron ser como país, para tratar de recuperarlo.

Un gusto ver un espectáculo como Josefa, el musical de México, que muestra las muchas posibilidades que el género ofrece y que gusta tanto a los mexicanos. Compositores, debieran frecuentarlo más.