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Juan Antonio García Villa

  • Juan Antonio García Villa

La importancia de un buen pasatiempo

Por razones de distinta índole, las sociedades modernas necesitan de espectáculos colectivos de entretenimiento. Entre otras, para cubrir ocios y disminuir las tensiones tan propias de los tiempos que corren. Por supuesto no los de circo sangriento de hace veinte siglos. Los de corte deportivo parecen los ideales y de hecho son los que hoy predominan. La emoción que provee el deporte profesional y los lances de quienes lo practican suelen ser de gran gusto y pasatiempo. Pero más aún lo serán, considero, si hacen pensar al espectador.

Aunque se trate de un pasatiempo, no todo puede ni debe ser solo gritos, alaridos y emotividad primaria. El espectáculo debe hacer pensar, así sea en forma mínima al aficionado que va a los estadios o sigue su deporte favorito por la televisión o medios similares.

En esa línea, una buena alternativa lo es el beisbol, o la pelota, como simplemente le dicen en el Caribe. Es un deporte cuyo diseño exige la adecuada combinación de destreza y fortaleza física, cualidades atléticas e inteligencia para planear y ejecutar las jugadas. De éstas, decía Pedro El Mago Septién, su número puede sumar hasta doce millones.

Durante buena parte del pasado siglo XX, el deporte que en el terreno amateur practicaron más mexicanos y ocupó durante muchos años su primera preferencia, fue el beisbol. La primera liga deportiva profesional bien organizada, de gran tradición, que ha funcionado ininterrumpidamente a lo largo de 91 años, pues se fundó en 1925, es la Liga Mexicana, LMB, que opera durante el verano.

El beisbol se subestima en México. Un dato al canto lo dice todo: un solo compatriota dedicado a la pelota profesional en Grandes Ligas, Adrián González, percibirá este año más ingresos económicos por su trabajo que todos los mexicanos juntos que juegan soccer en el extranjero.

¿Cuál es la verdadera dimensión que el deporte de la pelota tiene en México? Con precisión, como tantas otras cosas de la vida nacional, no lo sabemos. Pero hay datos que nos pueden dar una idea. Como es la asistencia de aficionados a los estadios. Recién la LMB completó el primer mes de su temporada regular 2016. Fue el mes de abril, durante el cual en las 16 plazas que forman la Liga se desarrollaron 199 juegos. La LMB lleva un registro muy completo de éstos, incluido el dato de asistentes (excepto de uno que no quedó reportado).

A esos casi doscientos juegos asistieron un millón nueve mil 375 aficionados. La asistencia promedio por encuentro fue de cinco mil 72 personas. Las plazas que registraron las mayores afluencias fueron: Monterrey 170 mil 883; Yucatán 113 mil 721; Tijuana 93 mil 380; Monclova 90 mil 338; Saltillo 76 mil 584 y La Laguna 63 mil 556 durante abril. El último lugar fue Campeche con 25 mil 128 y el penúltimo la Ciudad de México con 29 mil 214.

Desde hace ya varios años, la afición capitalina, que sin duda es grande, anda baja. Algo urgente debe hacerse para reactivarla, no precisamente crearla, porque existe. No puede ser posible que Monterrey en el juego que más asistencia tuvo, que fue de 28 mil 772 personas, sume casi tantas como la capital en todo el mes.