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Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

  • Gilberto D Estrabau
  • Seguirá la volatilidad porque no se puede creer en las encuestas

México vive una veda electoral importada. El país está prácticamente paralizado, y así permanecerá hasta el 8 de noviembre, cuando se decida la elección presidencial en Estados Unidos. Y no importa lo que digan las encuestas. Luego del “Brexit” y el referendo colombiano, cuando los resultados finales desacreditaron todo lo pronosticado por los demoscopistas, ya vemos las encuestas como horóscopos: que bueno sí dicen lo que queremos, pero nadie se va a jugar los ahorros, apostando a sus augurios.

(El presidente Peña Nieto, en un acto que linda con lo heroico, quiso romper la calma chicha soltando una picardía y cambiando dos ministros, pero ni así consiguió poco más que un estremecimiento en las redes. Ni modo).

EL OCASO DE LOS DIOSES 

En México, el final del siglo 20 asistió al endiosamiento político de las encuestas. Primero se les trató como oráculos infalibles, y llegó a robustecerse tanto su confiabilidad, que los cuartos de guerra de candidatos y partidos, cuando se acercaban las elecciones, contrataban estudios de opinión como siempre, nomás que ahora con resultados sobre pedido. A tales extremos llegó la encuestología  teledirigida, que fue necesario hacer una reforma política que la castigara como delito.

Pero del quilombo de los mercadeos amañados, del surgimiento de consultorías como taquerías, que en un día  “consultaban” a cien mil ciudadanos y en una noche publicaban los “resultados”, emergieron algunas empresas que conservaron cierta confiabilidad y prestigio. Entonces llegaron el  sí al “Brexit” británico y el no a la paz colombiana -cuando todas las encuestas predicaban estrictamente lo contrario– y ahora la pregunta que hacen los “surveryors” gringos no es quién va a ganar las elecciones, sino qué va a pasar si –contra todo lo investigado– gana Trump.

Y la respuesta es amarga, pero hay que aceptarlo: si predijeron que Inglaterra no abandonaría Europa y sí lo hizo, si profetizaron que los colombianos se volcarían en las urnas a votar dos por uno a favor de los acuerdos de paz y lo que devolvieron fue un no rotundo, y si llevan meses asegurando que la dulce Hillary acabará de un trompón con el trompudo Trump, y resulta que dicen sus mamás que siempre no, pues a las mágicas adivinadoras del pasado solo les quedará sacar sus bolas de cristal de los rascacielos, y volverlas a acomodar en las ferias de donde nunca debieron haber salido.

SORDA A LOS AYES E INSENSIBLE AL RUEGO…

Sorda a los ayes e insensible al ruego, como la Celia de Plácido, que no lo pelaba por más que el poeta le ofreciera los versos más exquisitos, esa bestia a la que llaman opinión pública, dormita a la puerta de su cueva, con “un ojo al gato y otro al garabato”. Se fija, pero no se mueve. Y por lo visto así se va a quedar, hasta ver “de qué color pinta el verde”, como decía mi general Álvaro Obregón Salido.

Los que a eso se dediquen especularán tímidamente con el peso y los valores del  IPC, subiendo y bajando según las migajas de información que caigan de la mesa de Wall Street. Ni crack ni boom, hasta el día de san Armando. Los demás, como el chinito: “nomás milando”.

Buenos días. Buena suerte.

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