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Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

  • Gilberto D Estrabau
  • El canal de las estrellas

Quizá el comentario deslizado sin fanfarrias de que a los soldados “les salía más barato” desobedecer órdenes que enfrentar a los delincuentes, fue interpretado en alguna esfera como amenaza no tan velada, y se movieron los resortes para que en enero el Congreso apruebe el marco jurídico exigido por el secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos. Las concesiones, decía Julio César, siempre se obtienen por presiones, especialmente cuando los Gobiernos son débiles, pero desean dar la impresión de que son fuertes.

El éxito del enérgico discurso del secretario de la Defensa en el desayuno del jueves 8 causó sorpresas en prácticamente todos los sectores de la sociedad, especialmente en los ámbitos de la observatocracia y la especulocracia. El más notable de los productos de la imaginación de esos colectivos es que no sería tan descabellado proponer que la nave del Estado mexicano vuelva a navegar por el canal de las estrellas. Después de todo, durante dos terceras partes de su vida independiente, México fue gobernado por militares, y cuando todo está dicho y hecho, la tan discurseada, cinematografiada y monumenteada Revolución Mexicana, no fue más que el cambio de unos generales por otros (mientras que lo más audaces señalan que la entrada de la ciudadela del partido oficial está flanqueada por dos gigantescos bronces de generales. Respetando las ideologías, Plutarco Elías Calles a la derecha, Lázaro Cárdenas del Río a la izquierda. Los más geopolíticos, por su parte, subrayan que ya hay tres generales en el Gabinete de Donadl Trump, y que todavía podría haber más cargos relacionados con política exterior e inteligencia, conformando ya el Gabinete más militarizado de la historia moderna de los Estados Unidos sugiriendo, suponemos, que los contactos serían más tersos si son entre semejantes).
LA SOMBRA DEL CAUDILLO

Total que, aunque los militares han sido cuidadosamente apartados de la actividad política durante 70 años, sin protesta conocida de alguno de ellos excepto, si la memoria no me falla, el general Félix Galván López, secretario de la Defensa en la Presidencia de López Portillo, quien alguna vez declaró públicamente que los militares tenían el derecho y la capacidad para aspirar a puestos de elección popular; para muchos no es imposible, decía, la candidatura presidencial de un general, especialmente si ese general se llama Salvador Cienfuegos  Zepeda, ya sea abanderando un partido político, o  una coalición de dos o más de ellos, o como independiente, siendo esta última opción la menos favorecida.

Y es que las declaraciones de Cienfuegos no podían menos que llamar la atención, por su demanda de constitucionalizar  las acciones de las Fuerzas Armadas contra el crimen, por su insistencia en regresar las tropas a sus cuarteles, por el enfrentamiento con la Secretaría de Gobernación pero, sobre todo, por su acusación de que hay quienes en México no están especialmente interesados en desterrar la violencia y la inseguridad, algo increíble si no viniera de él. Esto, quizá sin proponérselo –aunque se duda, dado el tono de la declaración– convirtió a Cienfuegos en un actor político de primera línea.

Buenos días. Buena suerte.

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