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Juego de palabras

  • Gilberto Destrabau

Demasiados cocineros

“Demasiados cocineros echan a perder el caldo”, advierte la paremia culinaria. Si el dictum funciona para lo electoral, las próximas elecciones gubernaturales van a ser la olla más podrida de la historia. Y es que en ellas están metidas más manos que en un platanal, al grado que uno añora los tiempos que las únicas que había que cuidar eran las del tlatoani en turno.

Aparte de las institucionales y constitucionales, o sea, candidatos, partidos y autoridades, he aquí los grupos que manosean las campañas, en orden estrictamente analfabético: -las redes sociales-. Éstas que se abalanzan sobre nosotros a velocidad de asteroide, serán las sufragancias. Más impactadas por el ecosistema digital. La población internauta en 2015 ascendió a 65 millones de usuarios con una penetración de 59 por ciento al cierre de dicho periodo.

Los mexicanos dedican diariamente siete horas y 14 minutos a internet: una hora y 32 minutos más que en el estudio de 2015.

Además, el uso de internet por partidos y candidatos no está regulado por el Instituto Nacional Electoral (INE) y partidos, candidatos y ciudadanos podrán comprar todo el tiempo que deseen en la Red, y dedicarlo a destacar sus logros fantásticos. Fantásticos de fantasía, eso es.

-los mercaderes de la muerte-. Los movimientos encabezados por quienes, trepándose sobre los ataudes, se han autoinvestido como líderes de opinión, especialmente aquellos que han sido tocados de cerca por la violencia, tendrán mucho que decir alrededor de la elección. Cruzarán la República más caravanas que las que cruzan Arabia, todas con su pendón y sus pendejos.

-las ONGs-. Lo primero que sacan por delante las Organizaciones No Gubernamentales, ONGs, es su declaración de que no pertenecen, representan o apoyan ningún grupo político; lo segundo es echarse un clavado en lo más turbio de la política, a ver qué pescan. En estas elecciones veremos más ONGs en las calles que ciudadanos.

Son como la influenza, una enfermedad estacional.

-la iglesia-. Enrique Peña Nieto es un hombre muy inteligente y, presumiblemente, el mejor informado de México. El haber soltado la bomba de la constitucionalización de las bodas homosexuales y la libre adopción al cuarto para las 12 del ejercicio democrático junista, debe haber esperado que, como efectivamente está ocurriendo, la Iglesia católica se le fuera a la yugular en lo personal, y que, operativamente, activen su red sacerdotes, diáconos, Hijas de María, Caballeros de Colón, Opus Dei y fauna de acompañamiento, para sabotear a los candidatos de su partido.

Habría que preguntarse entonces cuál es el fin último de este enfrentamiento, evidentemente meditado y planeado alrededor de una estrategia que todavía no queda clara para algunos, como a este modesto servidor de ustedes.

Pocos saben qué más va a pasar, con cuáles otras ofensivas alimentará Peña su audaz movimiento de flanco. Solo hay una cosa en la que todos los que se dicen enterados están de acuerdo en que el Presidente no hará: meter reversa.

-Washington-. Roberta Jacobson no se está dando mucha prisa por mudarse a Paseo de la Reforma 305, lo cual debe ser analizado.

Buenos días. Buena suerte.

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