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Juego de palabras

  • Gilberto Destrabau

Todos sabemos que ninguna obra humana es perfecta, pero lo que se hace sistemáticamente con la legislación electoral mexicana es ridículo.

Se hacen reformas tras reformas, y todas en los momentos menos propicios: cuando están cerca elecciones, especialmente federales (lo que demuestra que los promotores de las reformas las proponen para que respondan a sus estrategias particulares).

Así, aunque el Partido Acción Nacional vendió caro su amor para que la reforma política se votara antes que la energética durante las negociaciones del nunca suficientemente bien llorado Pacto por México, ahora regresa con un costal de refritos y tapaojos para machos, pretendiendo que lo electoral se imponga en el actual período de sesiones ordinarias, incluso cuando ya ha sido avisado desde la acera de enfrente que lo fundamental en estos momentos es consolidar las medidas de seguridad reunidas bajo el paraguas de la Ley de Seguridad Interior.

Pero no hay peor sordo que el que quiere hablar de otra cosa.

Entonces, la bancada de la derecha regresó con sus viejas intenciones de imponer la segunda vuelta en las elecciones presidenciales, de la reducción del financiamiento público a los partidos y la disminución de 100 diputados y 32 senadores, para que en la Cámara de Diputados haya 240 de mayoría y 160 de representación proporcional, y en el Senado, 64 de mayoría y 32 de primera minoría, ya sin senadores plurinominales.

Los panistas también incluyen en su costal de iniciativas la reglamentación de la reelección legislativa, que comenzará a funcionar en 2018. Dicen que es necesario aclarar el proceso, si los candidatos a reelección deben pedir licencia y cómo se les va a impedir que usen recursos públicos para repetir. En esto puede que lleven razón, como decimos en la calle de Alcalá.

Finalmente, los panistas dicen querer eliminar el fuero, desde el que disfruta el Presidente de la República para abajo, incluyendo a los miembros de los poderes Judicial y Legislativo.

Las inteligencias más claras en política mexicana, los observadores más experimentados, los más expertos operadores, quienes raramente coinciden alrededor de una mesa o una cabeza, pero que se hacen oír, coinciden en lo riesgoso que es “estrenar” legislación cuando los procesos electorales son inminentes y las legislaciones que se pretenden aplicar no han sido probadas en elecciones anteriores.

Suponemos que las Comisiones Unidas de Gobernación y de Régimen, Reglamentos y Prácticas Parlamentarias, a las cuales han sido turnadas las propuestas panistas, apliquen en este caso las cualidades de serenidad, cautela y comedido análisis que las ha distinguido hasta ahora, y que pongan de vuelta y media la segunda vuelta, dejen para situaciones menos comprometidas la poda del Congreso, analicen a fondo las ventajas y defectos del fuero de los funcionarios y, eso sí, aceleren en lo posible lo de la reglamentación del derecho constitucional a la reelección de diputados, senadores y presidentes municipales, porque hay muchos a los que ya se les queman las habas por decidir si ya tuvieron suficiente, o van por más.

Buenos días. Buena suerte.
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