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Juego de palabras

  • Gilberto Destrabau

Bienvenida, Doña Beatriz
Decía Will Rogers, el analista político más profundo y divertido del siglo pasado, que si él fuera político escogería un buen discurso, y lo usaría siempre, porque eso es lo inteligente (aunque claro, agregaba, si un político fuera inteligente, no sería político).

Rara avis desde la óptica del maestro Rogers, Beatriz Paredes Rangel, ex presidenta del PRI y ex embajadora en Brasil, reaparecida en el reciente Consejo Nacional Político de su formación, es política y es inteligente. Y debe haber leído a Rogers, porque la que él recomienda ha sido precisamente, a través de su exitosa carrera, su estrategia de comunicación: tomar una filosofía, una propuesta, una plataforma, y no bajarse de ellas. Pagar los tributos acostumbrados a la retórica partidista tradicional, pero mantener lo esencial cayendo como proverbial gota de agua que termina por perforar la roca.

Así lo hizo Paredes cuando, presidenta del PRI, de cara a las elecciones de 2009, consiguió una avalancha de votos que le escrituró la Cámara de Diputados y que fue causa directa del triunfo en 2012 de Enrique Peña Nieto. Se subió al burro de no IVA a alimentos y medicinas, hasta que lo convirtió en un pura sangre al que los demás cuadrúpedos solo le vieron el polvo.

Y así lo hizo en 2010, en la campaña por 12 gubernaturas, cuyos resultados convirtieron en mero trámite el reingreso de su formación a una casa de la cual, decenas de millones de mexicanos están convencidos, nunca debió salir.

En 2010, Paredes, sensible y astuta, seleccionó como premisas de su discurso dos postulados inconmovibles, uno de 70 años de edad, otro de nueve. El primero es: el PRI sabe gobernar; el segundo, el PAN no sabe gobernar, no tiene rumbo ni experiencia y ha comprometido lo esencial del país: su economía, su política,  sus instituciones, y su seguridad. Los resultados en aquella ocasión fueron muy diferentes, para bien del PRI, a los que obtendría seis años después su correligionario Manlio Fabio Beltrones, quien no le aprendió nada.
LA SEÑORA LLEGA JUSTO A TIEMPO

Como todos sabemos, o deberíamos de saber, en un universo de causa y efecto como el nuestro, las coincidencias no existen. No es coincidencia entonces que, en los momentos  en que vuelve a estar en el filo de la navaja el contrato de  arrendamiento del Monte Olimpino por parte de la desordenada pandilla de  Insurgentes Norte 59 –y de otras direcciones de las cuales no puedo o no quiero acordarme– la aparición de doña Betty haya sido saludada como un agüero de triunfo por sus comilitantes. Además que se le vio y se le oyó haciendo ejercicios pirotécnicos de la retórica cortante e ingeniosa por la que es famosa y, además, fuerte, saludable, descansada. Como si su estancia cerca del Amazonas brasileño le hubiera reforzado el ADN indomable de Hipólita.

Cuando todo parece indicar que el inminente aniversario partidista del 4 de marzo se anunciarán cambios importantes en la dirigencia nacional tricolor, tengo para mí que los priístas de todos los sectores se sentirán mucho mejor si el nombre de Beatriz Paredes, alguien quien tiene como vocación y oficio para ganar elecciones, aparece cerca del de Enrique Ochoa Reza.
Buenos días. Buena suerte.

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