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Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

  • Gilberto D Estrabau
  • Pequeñeces

En nuestra pequeñita política ha ocurrido un pequeñito suceso: el coordinador de la bancada perredista en el Senado cambió de partido.

Anotemos una diminuta observación: esto no le ha interesado al país absolutamente nada.

El más reciente chaquetero senatorial experredista panista es un pequeño abogado poblano. Se pasó las últimas semanas cojeando por los pasillos del Palacio Blanco de Reforma, con un gesto de preocupación en el rostro. Quizá quería dar la impresión de que luchaba con sus convicciones y lealtades. En realidad solo logró sugerir la sospecha de que le dolía el estómago.

En estas tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas, el licenciado estuvo solo. Y es que en política no existe la preocupación colectiva. O sea, no pueden sumarse las preocupaciones para formar una sola, mayor que sus sumandos. Como sea, cada tres o cuatro vueltas convocaba a una rueda de prensa para dar declaraciones y hacerle al simpatías.

Si se pudieran podar, como se poda un árbol, tales declaraciones, apenas podrían aprovecharse una docena de palabras. Es como si en nuestro hipotético árbol un hacha fuese echando abajo las ramas frondosas, y más ramas, y luego la acorchada corteza, y después la madera dañada, y los nudos y médula blanda e inservible, para obtener al final un aguzado palillo de dientes.

Además de la pequeñita puñalada por la espalda, lo único que se sabe es que continúa en el partido y en la coordinación. Y es que una cosa es ser traidor y otra cosa ser pen*e*o. Sus coordinados no han dicho esta boca es nuestra. Porque así son de pequeñitos.

UN COCODRILO EN LA CORTE DEL REY Rama IX

En Bangkok –quien comparte con nuestra Puebla el apelativo de “Ciudad de los Ángeles “(en tailandés “Krung Thep Mahanakhon”) –se armó la madre de todos los escándalos porque un cocodrilo se metió a la Cámara de Diputados.

Decía Jardiel Poncela que nadie más está expuesto a volar, que quien se sube a un aeroplano o vive encima de una fábrica de dinamita. Los legisladores tailandeses realmente no debieron sorprenderse por la presencia del saurópsido entre ellos, ya que son vecinos del zoológico de la ciudad.

En México el pariente del legendario perseguidor del capitán Garfio, de aparecer por los pasillos del Pleno de San Lázaro, hubiera conseguido si acaso una mirada distraída de los curulhabientes. Y si se hubiera subido a la tribuna, probablemente varios diputados habrían abandonado el salón, pero no por temor, sino para evitar que otro reptil –otro más– les quitara el tiempo con sus sandeces.

(Y es que en el Palacio Legislativo un animal tiene que ser muy exótico para llamar la atención. Porque legislaturas van y vienen, pero en ninguna faltan víboras, bueyes, burros, hienas, buitres, alacranes y avestruces que llevan sus propias cajas de arena para meter la cabeza cuando se trata de votar una iniciativa progresista).

DIPUTADO LLAMA “IDIOTA” AL PRESIDENTE

Eso, por supuesto, no ocurrió en México. No porque nuestros padres conscriptos sean más respetuosos o cautelosos, no. Lo que pasa es que aquí no se insulta a los políticos, se les describe.

Buenos días. Buena suerte.

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