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Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

  • Gilberto D’ Estrabau
  • El maquillaje y la política

La palabra maquillaje, proviene del germánico antiguo “makar”, que significa “modelar o amasar”. De ahí derivó al francés maquiller, utilizado en la jerga teatral francesa durante el siglo XIX. Aunque la palabra sea moderna, el concepto es antiguo y hoy se usa en cualquier ámbito de la vida para indicar a que a una parte del cuerpo humano, o social, se le ha aplicado un cosmético, palabra que emana del sustantivo griego cosmos y que puede traducirse como belleza y orden.

La humanidad utiliza cosméticos desde cuatro mil años A.C. Sin embargo, hasta las primeras décadas del siglo XX, los cosméticos eran considerados vulgares y solo eran utilizados por las prostitutas o los actores.

La disciplina científica que se ocupa de los cosméticos y su aplicación se llama “cosmiatría” y quienes la practican “cosmiatras” aunque ahora se prefieren términos como “reingeniería humana”, diseñadores de belleza personalizadas y “beauty experts”.

EL MAQUILLAJE EN POLÍTICA

Todo lo que se dice antes se refiere mayormente al cuerpo humano y, aunque la definición se ha cuestionado seriamente, se admite circunstancialmente que algunas políticas y políticos son seres humanos. Así, especialmente en campañas, mujeres y hombres que aspiran a cargos de elección popular acuden a toda clase de artimañas, maquillaje, photoshop, rellenos, prótesis, sastrería y zapatería ortopédica, para presentar la mejor imagen posible a sus electores potenciales. Pero también hay un maquillaje que se aplica al cuerpo administrativo de la nación. Quien desee ejemplos puede conseguirlos comparando el presupuesto de egresos que cada año aprueba el Congreso de la Unión, y viendo cómo se reporta la aplicación de las partidas en los medios.
MAQUILLAJES Y MAQUILLISTAS COMO ASESINOS DE CARÁCTER

Recuerdo como en el famoso “affaire de la Maison Blanc” y algunas giras oficiales de alto nivel que lo precedieron y sucedieron, lo que más irritaba a los críticos era que, supuestamente, cierta ilustre dama se hacía acompañar en los transportes del Estado por su maquillista personal, pagado, se decía, no solo con munificencia cuasi oriental, sino con dinero intensamente público.

Podrían haberse señalado otros elementos que desafiaban el ideal austero, pero era la presencia de estas damas y caballeros, portadores de maletas que al abrirse dejaban ver decenas de cajoncitos escalonados, conteniendo los materiales de su oficio, los que sacaban de sus casillas a los Demóstenes y Savonarolas del momento, que casi exclusivamente hacia estos modestos artistas enfilaban sus filípicas y sus condenas a las famosas “hogueras de las vanidades”.

Ahora ha vuelto a los reportajes y las columnas el tema de Max Factor, alrededor de la empresaria panista Josefina Vázquez Mota, candidata a gobernadora del Estado de México, a quien acusan de haber desviado los fondos que recibía para su fundación “Juntos Podemos” para gastos personales, como por ejemplo viajes al extranjero “en los que era acompañada por su maquillista personal”.

Ningún otro ultraje a los mil millones importa. Lo que los hace ver rojo, es la maletita de los cajoncitos.

Buenos días. Buena suerte.
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