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Juego de palabras

  • Gilberto Destrabau

No soy gay, pero tengo marido (y seguro)

Hace alrededor de 10 años, la argentina Viviana Gómez Thorpe escribió “No seré feliz, pero tengo marido” y se estrenó la película “Yo los declaro marido y Larry”. Invocamos el exitoso monólogo de Gómez Thorpe solo para parodiarlo en el encabezado, pero “Marido y Larry” advierte entre carcajadas de una muy seria amenaza para la seguridad social en México.

Porque resulta que Larry, por rollos burocráticos, no puede darle a sus dos hijos pequeños la protección de la seguridad social y le pide a Chuck, su amigo soltero, que se declare pareja homosexual de Larry y unido a él en una sociedad  de convivencia, en la que su seguro lo cubre a él y a sus hijos. La mecánica del fraude es absolutamente factible, allá y acá y como decíamos antes, una amenaza mayor para las tesorerías del IMSS y del ISSSTE (la primera celebrando números negros por primera vez en décadas, la segunda siempre ha sido próspera, porque tiene el respaldo del Gobierno federal, que es el que controla las rotativas de Legaria).
ÉRAMOS MUCHOS Y PARIÓ LA ABUELA

Hace unos siete años, el Congreso de la Unión aprobó una reforma a las leyes del IMSS, y el ISSSTE, que incluye como beneficiarios a las parejas unidas en sociedades de convivencia, matrimonios de parejas del mismo sexo o pacto de solidaridad. Con la reforma, la cobertura social de las familias homoparentales se iguala a la del matrimonio tradicional o el concubinato y a mí esto me parece justo y necesario. Lo que puede convertirse en problema es que, con esa ley, se le abre la puerta al fraude.

Existen millones de mexicanas y mexicanos que no tienen cobertura médica de ningún tipo, pero tienen amigas y amigos solteros, divorciados, viudos y hasta casados (porque para los efectos de la nueva ley el amasiato es igual de válido que el matrimonio y todas las personas pueden tener -y por lo general tienen-, el socorrido segundo frente (que en algunos casos les cuesta más caro que el primero) En fin, que lo único que tienen que hacer el protegido (a) con el o la desprotegida (o) es presentarse juntos ante la autoridad competente, suscribir una unión a modo y listo: derechohabiente del Seguro o del ISSTE y solo por darlas. Las gracias, eso es. Aunque ya entrados en gastos…

Estamos hablando de amigos. Pero ya sabe usted que la picardía mexicana tiene más trucos que el INE. Una credencial del IMSS o del ISSTE puede convertirse en un negocio redondo. Una versión más modesta, pero intrínsicamente igual de operable y efectiva, que los matrimonios con extranjeros -se dé un próspero comerciante libanés, quien llama cariñosamente a su esposa mexicana “mi visa”, en lugar de “mi vida”-, para garantizar residencia y eventual ciudadanía.

Un comentario final: lejos de mí, apoyar cualquier tipo de discriminación y menos por preferencia sexual.

Pero ciertamente la comunidad gay es un grupo de riesgo para algunas de las enfermedades de tratamiento más caro en los cuadros de la salud pública.

Que esa minoría cada vez más mayoría esté protegida es legal, humano y democrático, pero la carga extra para IMSS e ISSTE puede muy bien amargarle el partido de frontón a Mikel Arriola, quien anda tan orondo presumiendo de haber desterrado el gorri -que significa “rojo” para quienes no tatachan vasco- del balance de la Jaula de Oro.

Buenos días. Buena suerte.
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