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Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

  • Gilberto D’ Estrabau
  • México: última víctima del giro a la derecha en Latinoamérica

 

En una repetición de la muy sabida paremia respecto a los árboles que no dejan ver el bosque, resulta casi cómico ver a los protagonistas y observadores de la elección del domingo, tropezándose con ramas y follaje en busca de la explicación que ha estado todo el tiempo frente a sus narices: los resultados del ejercicio no son ni más ni menos que la participación mexicana en el giro a la derecha que está dando la política latinoamericana, desde el Cono Sur al Caribe, y que ya ha modificado los colores políticos de la región en Argentina, Brasil, Chile, Venezuela y Bolivia.

Quizá el contagio mexicano es más difícil de discernir porque no tiene un presidente que quiere eternizarse en el cargo -como fue el caso del referendo negativo sobre las futuras candidaturas de Evo Morales- o no vive un escándalo de corrupción de las proporciones de Petrobras, o se trató de unas elecciones parciales, con cambios menos dramáticos que el cambio de Macri por Kirchner, y sus estudiantes, por una vez, se han quedado en las aulas y no han salido a impedirle gobernar a Michelle Bachelet (confirmando, por otra parte, el dictum de que nunca segundas partes fueron buenas). Pero la genealogía izquierdista del PRI siempre ha estado sobre el tapete: desde la “izquierda atinada dentro de la Constitución” de Adolfo López Mateos que produjo infartos en Washington, hasta el “somos un partido de centro-izquierda” de Beatriz Paredes, que le ganó una Embajada en Brasilia.
Aquí no ha pasado nada, simplemente nos pusimos a la moda

Esto no significa, por supuesto, que los avances de la derecha hayan carecido de ingredientes locales y aun nacionales. (Por ejemplo un candidato panista, presunto ganador, proclamaba como “regalo del cielo” las iniciativas sobre las bodas igualitarias). Y las administraciones opacas en varios Estados se ganaron a pulso la transparencia obligatoria. Pero de eso a la catástrofe oficialista que muchos pretenden describir, hay un mundo.

Ahora, identificada la cepa original que se nos infiltró, ir al examen honesto de las derrotas y aprovechar esa amarga literatura para descubrir las estrategias y los individuos que fallaron, con vistas a las elecciones presidenciales que se celebrarán precisamente dentro de dos años. Evidentemente, habrá que hacer cambios, pero estos cambios deber ser quirúrgicos, realizados con superláser a prueba de cuates y de vacas sagradas.

Por lo menos dos presidentes de partidos, ante los números del día seis, insinuaron que podrían salirse del partido. Del partido en el cual se ha jugado solo uno de los tiempos.

Entiendo sus actitudes porque son ambos hombres honestos y políticos responsables, y pueden caer en la trampa de que alguien los quiera hacer sentir culpables. Nuestra recomendación es que hagan suyo el aforismo latino “ilegitimi non carborundum”, o sea, “no permitas que los cabrones te raspen”.

Sería un crimen desperdiciar todo el capital político que acumularon porque, insistimos, lo ocurrido fue solo un acto de la función. Y como ya sabemos todos, esto no se acaba hasta que la señora gorda canta.

Buenos días. Buena suerte.
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