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Juego de palabras

  • Gilberto Destrabau

Nada de elecciones, que somos decentes

Aunque no habrá elecciones en la Ciudad de México el próximo domingo, el proceso en el vecino Estado de México tiene trascendencia nacional y, por lo mismo, nos consideramos moralmente obligados a unirnos a la veda propagandística que a partir de hoy se ha instalado en la vecina entidad. No es que pensemos que estos modestos tratados puedan inclinar la balanza en un sentido u otro. Aplicamos a la circunstancia política aquella reflexión de Anatole France sobre la majestuosa imparcialidad de la ley, que prohíbe por igual a ricos y pobres mendigar en las esquinas, robar alimentos y dormir debajo de los puentes.

Decididos a tender un piadoso velo sobre la actualidad electoral, ya que no puede hacerse humorismo político sin raspar a alguien, y el raspado podría alegar con toda razón que se le demerita favoreciendo al rival, vamos a tratar de divertirlos con observaciones totalmente sin tendencia, recogidas aquí y allá. Hablamos de observaciones. Nunca tuvimos la suerte de don Félix Cervantes, quien presumía de armar las variedades del Blanquita con puras vedettes escogidas por él.

En fin. Allá va eso:

1) Un policía de caminos encuentra a cierto renombrado personaje en la autopista a Cuernavaca en un estado lastimoso. Convencido de que la mayor parte de los mexicanos lo considera culpable de sus problemas, y de que es un obstáculo para el progreso del país, ha decidido inmolarse patrióticamente, bañándose de gasolina y prendiéndose fuego.

El policía tiene buen corazón y supone que si la gente le demuestra cierta buena voluntad al personaje, donándole una muestra cualquiera de simpatía, puede mejorar su ánimo. Así que se dedica a pedir donativos a los manejadores que pasan.

Una hora después su compañero se reúne con él y le pregunta cuanto lleva recolectado.

-Como 50 litros- responde el policía de buen corazón.

2) Otro personaje, hastiado de que se refieran burlonamente a él como el ungido tropical, decide dar una demostración pública de que puede repetir los milagros que hizo el último usuario del título. Así que reúne una multitud, rema hasta el centro del lago de Chapultepec, sale del bote y da su primer paso sobre las aguas.

Inmediatamente se va al fondo como una piedra y solo la intervención de tres jovencitos evita que se ahogue. El frustrado rabí, quien dispone de enormes recursos gracias a las recaudaciones de sus Evas y Rocíos, está tan agradecido que le dice a los chavos:

“Voy a darles lo que quieran por haberme salvado la vida”.

-Yo quiero un Ferrari -dice el primero.

-Hecho.

-Yo, una computadora -dice el segundo.

-Por supuesto. La más cara.

-Y yo -dice el tercero- quiero una silla de ruedas motorizada.

-¿Para qué?

-Es que cuando mi papá se entere de que le salvé la vida, júrelo que voy a necesitar una silla de ruedas.

3) El defensor dice a su cliente:

-Tengo buenas y malas noticias. La mala noticia es que ya están los resultados de su análisis de sangre y se corresponden exactamente con las manchas encontradas en el cadáver que estaba en su cajuela.

-Me lleva la que me trajo… ¿ Y cuál es la buena ?

-Su colesterol bajó a 140.

4) ¿Cuál es la diferencia entre un secretario de Estado y Dios?

-Dios no cree que es un secretario de Estado.

Las campañas políticas son como las fotos que aparecen en los catálogos de semillas. El candidato electo es lo que realmente crece en su jardín.

Buenos días. Buena suerte.

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