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Juego de palabras

  • Gilberto Destrabau

 El amargo caso de Luis y la dulce Delcy

Parecería que la chamba de la Ministra del Poder Popular para Relaciones Exteriores de Venezuela, Delcy Eloína Rodríguez Gómez, consiste casi exclusivamente en levantarse cada mañana a revisar la prensa internacional a ver qué declaró Luis Videgaray que pueda interpretarse como el más ligero rasponcito a la Revolución Bolivariana, e inmediatamadremente sentarse a la compu a poner al secretario de Relaciones Exteriores mexicano como Dios puso al perico (y digo que se sienta a la compu porque su arma preferida, como la del infando Pato Trump, son las redes sociales, especialmente Twiter).
El ultimo encontronazo entre Videgaray y la dulce Delcy se dio hace unas horas – de hecho se sigue dando, porque todavía tiembla en sus centros todo el litoral del Golfo, desde Miami a La Guaira- como resultado de la audacia de Videgaray, quien se atrevió a decir que en el gobierno de Venezuela se observan “rasgos autoritarios”. Oiga usted, si Talleyrand estuviese vivo, iría con lágrimas en los ojos a besar las hirsutas mejillas del mexicano, en premio al uso versallesco de la diplomacia más exquisita, pues así debe calificarse el comedimiento de don Luis al adjetivar como “rasgos autoritarios” las acciones de un gobierno que lleva asesinados a más de 60 manifestantes desarmados en los últimos tres meses, cancela elecciones, desconoce el Poder Legislativo, encarcela a sus opositores, utiliza tribunales militares para juzgar a civiles y pretende cambiar la Constitución del país mediante una Asamblea Constituyente, formada exclusivamente por miembros de su propio partido. Oh sí, “rasgos autoritarios”. Estas dos palabras están destinadas a ocupar un lugar privilegiado en el Hall de la Fama de los eufemismos.
Si las vacas se torearan y la dulce Delcy fuera una y saliera al ruedo y un Gaona redivivo le clavara un par de Pamplona en el morrillo, pero con banderillas de fuego, su reacción no sería más violenta, furiosa y agresiva. Para empezar dijo a la letra que “Venezuela rechaza las infames e inmorales declaraciones de Luis Videgaray que expresan su sumisión al país Hegemón (sic) para que ampare a su estado fallido… lamentable que el  Gobierno de México agreda a pueblos latinoamericanos y viole grave y masivamente los derechos humanos de su propio pueblo”. Para terminar echó mano de uno de los temas de moda que todo el mundo asocia con el canciller mexicano, escribiendo que “Videgaray pretende lo imposible: construir un muro entre nuestros pueblos, unidos por lazos históricos de dignidad indisolubles”.
En esas condiciones el hombre de la Alameda decidió dejar a un lado las sutilezas de lo que ya se conoce como “declaración de Miami” y dijo en Washington, en la reunión de los cancilleres de los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) que México mantiene firmes los puntos esenciales para solucionar la crisis política, económica y social de Venezuela: el restablecimiento de un calendario electoral, el respeto de la Asamblea Nacional, la liberación de los presos políticos, el fin de los tribunales militares y la reconsideración de los términos de la Asamblea Constituyente.
Como se sabe, México encabeza un grupo de 14 países que comparten criterios para la salida de la crisis venezolana, “uno de los mayores retos para el continente americano”, según el propio Luis Videgaray.
Buenos días. Buena suerte.

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