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Juego de palabras

  • Gilberto Destrabau

Mi mujer necesita otros maridos

En 2018, que ya está a tiro de corcholata, además de que la República toda, elige Presidente y Congreso, nueve de sus estados -Chiapas, Guanajuato, Jalisco, CdMx, Morelos, Puebla, Veracruz y Yucatán- cambiarán de gobierno. Con los apresurados tiempos que le están imponiendo a la política, la ambición y la tecnología, cada vez son más las mujeres – aunque Aurelio Núñez las descarte a priori-, que alcanzan posiciones elevadas y despiertan en el público la curiosidad por saber más acerca de sus parejas. Si son de diferente sexo, bueno, si son del mismo, mejor.

Para servir a mi clientela como se merece, regreso al futuro y visito el hogar de don Rigodón Valparaíso, esposo de Citlali Chávez, candidata a gobernadora del estado de Desesperación.

Me recibe en delantal, despeinado y en chanclas.

-Discúlpeme que lo reciba en estas fachas y con la casa toda tirada, pero la gobernadora, bueno, casi, tuvo un desayuno de trabajo y la tuve que llevar después de dejar a los niños en la escuela-.

-No se preocupe, don Rigo -lo tranquilicé -mejor contésteme: ¿es difícil ser el marido de una figura política?

-A veces. Pero yo siempre supe, desde que Citlali empezó a mentar madres en público, que tenía un gran futuro político. Y para que lo consiga estoy dispuesto a
sacrificarme.

-¿ Cuál considera usted la parte más difícil de su tarea?

-Mantener constantemente una buena imagen pública, preocuparme si estoy usando el traje adecuado y siempre traer boleados los zapatos.

-¿Quiere usted decir que a los votantes les interesa la apariencia de la pareja de una candidata?

-La pareja tiene un papel decisivo en la elección de una candidata. La gobernadora, bueno, casi, dice que, aunque ella da los discursos, el electorado me tiene todo el tiempo bajo el microscopio.

-¿Qué es lo que más le preguntan a usted las y los electores?

-Ellas quieren saber si Citlali es buena madre y ellos, si es buena en la cama.

-¿Ella le pide consejos políticos?

-Yo diría que sí, pero de una forma algo especial. Por ejemplo, me permite sentarme junto con su equipo de campaña –luego de que les sirvo la cena a todos– y me patea las espinillas si intento abrir la boca.

-¿No siente celos de los hombres que acompañan constantemente a su esposa y a veces pasan días y noches con ella en otras ciudades?

-Realmente no. Yo se que lo único que les atrae de ella es el poder, porque está bastante fea la pobrecita, y además, tiene una boquita…en fin, usted sabe. De todos modos, tengo que dejarla hacer lo que quiera si quiero ser primer caballero del estado y hacer varios negocios que me han propuesto mis cuates.

-¿Qué hay de cierto en los rumores de que su mujer es una candidata “juanita”?

-¿”juanita”? ¿Quiere decir que si gana va a pedir licencia y obligar al Congreso a que me nombre a mí en su lugar?

-Más o menos.

-Ni en sus más extravagantes sueños de opio, mi estimado. Esa mujer es más ambiciosa que Lucifer y en todo caso, si sale gobernadora, me va a cambiar por un galán de cine o cualquier cosa por el estilo.

-¿Y eso no le preocupa?

-Para nada. Si no ocurre un milagro, de esta salgo convertido en Superman…en supermandilón. No, mejor lo del actorcito, o la actricita, porque ahora ya ni se sabe. Usted que anda en ese ambiente ¿no podría ayudarme presentándole a Gael o a la Monserrat?

Buenos días. Buena suerte.

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