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Juego de palabras

  • Gilberto Destrabau

  • Semana Azteca presenta:
  • Circo, maroma y teatro

LOS INSOPORTABLES DE LA SEMANA

Vergonzoso, pueril, incivilizado… podríamos llenar cuartillas con adjetivos peyorativos que se merecen las dirigencias y los candidatos de los partidos que participaron en la elección del cuatro de junio.

Empezando con el panista Ricardo Anaya, que a las 18:01 estaba ante cámaras y micrófonos, haciéndole al Hitchcock, asegurando que su partido había ganado “tres de las cuatro elecciones” del día, tramando un suspenso infantil. Pero todas las otras dirigencias lo siguieron, reivindicando triunfos fabricados a base de encuestas de salida sobre pedido, en un afán baboso de ganar la famosa “guerra mediática”, una guerra que en realidad no vale la pena pelear, porque en horas se impondrá la fría realidad de los conteos oficiales.

Este desbocamiento nauseabundo de falsas victorias, lo que no es más que un intento descarado de engañar a la ciudadanía y un manipuleo tramposo de los medios con vistas a fundamentar, más adelante, impugnaciones y reclamos, es un cáncer de la democracia mexicana que debe extirparse, pues está devorando la credibilidad de las instituciones pues, luego de recibir tantos escarceos de triunfos más falsos que Lovable, como decíamos en los rugientes 70. Es lógico que mexicanas y mexicanos, luego de que los hartan con estadísticas hechizas y contemplan los rostros maquillados de sinceridad de tantos “ganadores”, subrayados en las pantallas televisoras por las cifras oficiales que demuestran que se los están comiendo vivos, es lógico, decía, que las mexicanas y los mexicanos, cuando reciben las estadísticas auténticas, se digan a sí mismos que siguen viendo datos imaginarios, tan increíbles los últimos como los primeros.

Tan denigrante el espectáculo de las falsas victorias anunciadas a bombo y platillo, como la obstinada renuencia a aceptar las derrotas. Se dice por ahí que las políticas -con escasas excepciones como la de la panista Josefina Vázquez Mota (pero claro, a ella no le afecta porque ya está acostumbrada a reconocer que los resultados no la favorecen)– y los políticos mexicanos no saben perder. Eso no es lo peor, lo peor es que nunca van a aprender porque consideran que es ilegal perder. Creen y defienden la democracia, pero sólo cuando los favorece. Es un complejo de machismo -sí, también en las mujeres- e infantilismo a la que no parecen dispuest(a)os a renunciar.

Como se ha demostrado una y otra vez, la clase política mexicana no renuncia jamás a sus privilegios (y esto de proclamarse triunfadores y no reconocer derrotas con total impunidad es definitivamente un privilegio) y se les han tenido que arrancar poco a poco con paciencia y anestesia.

Cuando venga la próxima reforma política, que definitivamente vendrá, porque a la democracia gruyere que padecemos habrá que seguirle tapando hoyos per secula seculorum, esto de exigirles a los partidos y candidatos más responsabilidad, educación y respeto para el pueblo debe ser un tema toral.

Que forcejeen y enronquezcan todo lo que quieren, que inunden con recursos de inconstitucionalidad Pino Suárez 2, que para eso está. Pero hay que educarlos, hay que enseñarles a comportarse electoralmente, o terminaremos con un electorado que irá desapareciendo progresivamente, harto de circo, maroma y teatro.

Buenos días. Buena suerte.
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