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Juego de palabras

  • Gilberto Destrabau

Sexo, zen y piñatas

Gobernar es conducir los asuntos públicos, hasta que en alguna parte, en algún momento, se comete un error. Siempre ocurre, no hay modo de evitarlo. La humanidad ha adelantado vertiginosamente en todo, en educación, cultura, servicios, ciencia y tecnología, pero la política y el gobierno se siguen haciendo como hace seis mil años, sin progresos medibles ni aun por los más sensibles kubernoscopios. Más bien todo lo contrario.

Este error puede aflorar en cualquiera de los ramos de la tutela popular. Pero, sin importar cuál sea su naturaleza ni su responsable -se descarta aquí la escuela de pensamiento que no busca soluciones, sino culpables-, el modo en que se procesa el error es lo que caracteriza y califica al gobierno en cuya estructura se comete.

Los críticos sociales -un métier que diseñé hace años para definir mis actividades profesionales, pero que ha sido invadido por una raza para la cual los únicos adjetivos que se me ocurren es transideológica y serendipítica, están de acuerdo en que lo mejor que se puede hacer con un error es presentarlo como parte de un plan, programa o proyecto. Por lo general eso lo neutraliza, porque a nadie le interesan los planes y programas de los gobiernos, pues de ellos se sabe que están hechos como las piñatas, para romperlos.

Pero los errores también pueden ser cultivados, alimentados, apapachados. Cuando se les trata así, pasan a ser ejes de un periodo o una dinastía.

Algunos de ellos, adornados y enriquecidos, pueden ser encontrados en el origen de casi todas las guerras y la mayoría de los estados fallidos. Si quien comete o asume el error inicial lo lleva al triunfo, se le aclama como un estadista. Si no gana, está condenado a recibir grupos de interés que le dicen que calladito se ve más bonito, o a visitar capitales extranjeras para que le lean la cartilla, lo primero que ocurra.

SEXO, PODER Y DINERO

El sexo ha muerto. El poder y el dinero son el sexo de  nuestros días.

Admitir los errores propios es hacer política. Criticar los errores de los demás es hacer campaña.

Los techos y los acuerdos secretos tienen filtraciones. Está en su naturaleza.

Convención de delegados para elegir candidato: un lugar donde se puede disparar un arma en cualquier dirección, sin herir a una sola persona honesta.

Ni siquiera Dios puede ordenar una
contradicción.

Los rajados nunca ganan y los ganadores nunca se rajan.

Ninguna máscara mejor que la verdad para cubrir mentiras y el mejor disfraz es ir desnudo.

La vida es una vieja usurera: exige intereses tremendamente altos por los pocos placeres que concede.

Al parecer, el gran secreto político de los mexicanos es: nos mantenemos unidos a base mantenernos separados.

Una de las enseñanzas fundamentales del budismo zen es: “haz lo mejor que puedas y sigue tu camino. “Lástima que no se acostumbre en política. Porque la mayoría de los políticos no hacen lo mejor que pueden, sino lo menos que pueden. Y desarrollan un apego tal al escritorio, que no los mueven ni con un buldózer.

Los políticos usan las palabras como los calamares usan su tinta.

Las primeras faltas son de quienes las cometen. Las segundas, de quienes las
permiten.

El pasado mata. La mujer de Lot se convirtió en estatua de sal porque miró hacia atrás.

Primera regla de la política a la mexicana:-Nunca hagas una pregunta si no estás malditamente seguro de que sabes la respuesta.

Buenos días. Buena suerte.

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