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Juego de palabras

  • Gilberto Destrabau

Videgaray y las señoritas

Corre de antiguo por ahí el paralelismo de las señoritas y los diplomáticos. ¿En qué se parecen?

En que cuando una señorita dice no es quizá, cuando dice quizá es sí y cuando dice que sí de plano, es que no es señorita. Y el diplomático: cuando dice sí es quizá, cuando dice quizá es no y cuando dice que no, de plano, es que no es
diplomático.

Sería injusto decir que nuestro secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray Caso, ha resultado de lento aprendizaje (pues recuérdese que cuando tomó posesión dijo a la plana mayor de la SRE que “venía a aprender”): sería más adecuado decir que la buena estrella que siempre lo había iluminado se ha opacado ligeramente, o que la diplomacia, una ciencia inexacta, lo es mucho más que la economía y la política, que es lo de
Videgaray.

Entonces, los dos cerritos en la breve carrera talleyrandesca de don Luis, no se han prestado precisamente para clavar sus pendones. Una relación que podría haberse calificado como amistad en la Ciudad de México, resultó ser una simple conocencia de banqueta dentro de la “beltway” (el Anillo Periférico de Washington) y el cultivo de relaciones cordiales y productivas con la potomacracia, cuya posibilidad izó a Videgaray al escritorio de don Isidro Fabela, se ha disuelto en desengaños y una cierta amargura en el discurso del exvicepresidente. A esto le siguió la guerra de Cancún, que Videgaray inició como Napoleón, pero que terminó como Su Alteza Antonio López de Santa Anna. La dulce Delcy hizo cera y pabilo del proyecto de resolución contra su jefe que empujaba el mexicano, se recreó adjudicándole los más agresivos adjetivos jamás escuchados en las sesiones de la OEA, un sanedrín famoso por la calidad y frecuencia de sus peyorativos y hasta le quitó la esperanza del desquite, porque renunció y se fue de Constituyente. En fin.

Entonces, volviendo al tema toros, henos aquí ante un Videgaray que hoy en la tarde volverá a la mesa caliente con el inefable Pato y con su supuesto cuaderno cuadriculado con raya roja, tapa dura, índice alfabético y resorte francés, Jared Kushner (judea mano nefandissima, que diría el maestro Anatole France). Durante media hora, en la tarde Big Mac, digo, hamburguesa, se reunirán por primera vez como mandatarios Enrique Peña Nieto y Donald Trump.

¿Y cuál es la actitud del jefe de nuestra diplomacia ante el encuentro antes deseado con esperanza y buscado con fervor? Que va a servir para lo que se le unta al queso o para dos cosas, lo que ocurra primero.

“Será una reunión importante pero hay que ponerla en su justa dimensión y NO tener expectativas que NO se justifican. Es una reunión en la que NO esperamos que haya grandes acuerdos. NO esperamos que se resuelvan diferencias sustantivas”, dijo Videgaray refiriéndose al encuentro.

La miniagenda, se adelantó a adelantar Videgaray, NO contempla la construcción del muro fronterizo, subrayó el canciller (juntando cuatro noes nada diplomáticos). Los presidentes revisarán avances en el combate al crimen organizado, la cooperación para el desarrollo de Centroamérica y los preparativos para la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Peña Nieto tiene programadas otras cuatro reuniones durante el G-20 con los líderes de Canadá, India, Italia y España, dijo Videgaray, quizá dando a entender que la de Trump no es nada extraordinario.

Buenos días. Buena suerte.

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