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Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

  • Gilberto D Estrabau
  • Máxima de camouflage

La reina Máxima de Holanda visitó al presidente Peña luciendo un vestido hecho con tela, o por lo menos con print, de camouflage.

Seguramente sus asesores de imagen le dijeron que era la última cachetada de París para visitar zonas de guerra.

Probablemente muchos priístas consideren que llegar a ser presidentes de su formación es la respuesta a sus sueños más ambiciosos.

No parece ser el caso de doña Carolina Monroy del Mazo, capa di tutti capi en Buenavista desde hace unas horas. La también diputada federal anunció desde marzo que quería la gubernatura del estado de México y que iba su espada en prenda, y tener que navegar en el proceloso mar del interinato por dos meses, seguramente va a impactar su precampaña.

Aunque quién sabe. Desde el segundo piso del edificio dos de Insurgentes Norte 59 emana mucho poder y, si no otra cosa, la señora de Nemer puede aprovechar para perfeccionar amarres, si alguno le faltaba.

De todos modos, pronosticamos que no va a utilizar los dos meses de plazo que le dan los estatutos, y que en pocas semanas va a convocar al Consejo Político Nacional del oficialismo, para que escoja al(a) nuevo(a) presidente(a) del  Comité Ejecutivo Nacional.

Y es que este cambio de montura a la mitad del río provoca un reclamo del tipo que le hizo el emperador Maximiliano a Miramón y Mejía en el cerro de las Campanas, ya con los rifles del pelotón apuntándole al pecho:

– Esto, señores, no fue lo pactado en Miramar.

Por cierto que, volviendo al tema toros, don Manlio Fabio Beltrones se ha puesto a analizar en público a quienes – todavía está la pelota en el tejado – podrían llegar a ser sus rivales en las urnas en 2018.

De López Obrador dijo que tiene que actualizarse y a Margarita Zavala le advirtió que se cuide de los misóginos que se portaron tan poco caballerosamente con su presumible predecesora en la candidatura, Josefina Vázquez Mota.

Hay que escuchar con atención lo que diga Beltrones en este periodo de sinceramiento, porque quien habla es seguramente uno de los cinco, no, de los tres mejores políticos de México, y está diciendo cosas que no hubiera dicho hace una semana, y que probablemente no repita nunca.

Había cierta esperanza entre los panistas de que Ricardo Anaya, viendo la epidemia de renuncias en las dirigencias de las otras dos grandes formaciones políticas, aventara la toalla y se dejara  crecer el pelo.

Pero parece que no tiene prisa, y que esperará a los resultados del 3 de junio de 2018, para imitar a sus excolegas, y por las mismas razones. Un destacado personaje que despacha en las inmediaciones de su reloj tocayo, se pasea con las manos a la espalda y murmura: – El Niño hace popó, y a mí me toca cambiarle los pañales.

¿Progresamos? Hasta fines del siglo pasado, con 30 meses del sexenio por transcurrir, en México no se podía hablar todavía de sucesión. Ahora, no se habla de otra cosa.

Bajo las leyes que en estos momentos nos rigen, es un delito que un ciudadano privado le mienta a un funcionario público. Sin embargo, no es delito que el funcionario público le mienta al ciudadano privado.

El pueblo debe aprender a obedecer las leyes como todos los demás.

Buenos días. Buena suerte.
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