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Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

  • Gilberto D Estrabau
  • El beso que bloqueó el Circuito Interior

Saco del rastro del recuerdo un chistorete que a lo mejor viene al caso: llega un italiano a su casa y encuentra a su esposa en la cama con otro hombre, saca la pistola y mata a los dos adúlteros; llega un francés, encuentra la misma situación, se quita la ropa y se une a la fiesta; llega un mexicano, sale sin decir palabra, y se va a organizar una manifestación y/o hacer un plantón en el Zócalo.

Los malos ejemplos cunden. La capital mexicana vive inmersa en un carnaval de tomas de calle desde hace un cuarto de siglo, y eso cala. Además, la gente ve que a la CNTE, Antorcha, los 400 Pueblos, los plantones y el relajo les funciona. O les dan lo que piden o, se sospecha, regresan a sus lugares de origen con una muy buena lana. Y además, son total y completamente impunes. Entonces, las tomas de calle, como les llamaban los agitadores comunistas del siglo pasado, se han convertido en un ejemplo a seguir, no ya para organizaciones, sino para el ciudadano común.
LA CALLE DE LOS NIÑOS PERDIDOS

Teníamos una calle del “Niño Perdido” de esta ciudad. Por quienes la deambulaban, la gente decía que debía llamarse “de las niñas perdidas”. La engulló el Eje Central. Alguna vez nostalgizaremos sobre el tema.

Pero de lo que se trata ahora es de que Guadalupe y Sebastián, una niña de 11 años y un chico de 12, alumnos de la primaria “José Vasconcelos”, en la colonia Tlatilco, fueron sorprendidos besándose en el salón de clases por un compañero, quien inmediatamadremente los denunció con su maestra, quien los envió a la dirección para su juicio y castigo.

En la dirección estaban cuando la madre naturaleza intervino a su favor y movió la tierra 5.4 grados Richter.

El plantel fue desalojado y los chavos se escaparon.

Cuando, vueltas las cosas a normalidad, los buscaron, no los encontraron.

Esto ocurrió a las cuatro de la tarde. Cuando a las diez y media de la noche no aparecía, los padres de los menores, apoyados por un centenar de familiares  y amigos determinaron bloquear el Eje 2 Norte Eulalia Guzmán, así como los carriles laterales y centrales del Circuito Interior Bicentenario, en la colonia Atlampa, para exigir la búsqueda de Guadalupe y Sebastián.

El tránsito se interrumpió por más de dos horas y la manifestación no se disolvió hasta que la Secretaría de Seguridad Pública voceó en reiteradas ocasiones los nombres y las características de los niños. Los manifestantes se retiraron amenazando con que, si no encontraban a los niños, organizarían un plantón desde las siete de la mañana frente a la primaria “José Vasconcelos” y volverían a bloquear el Circuito interior Bicentenario.

Nadie encontró a los menores. Aparecieron por sí mismos en unos puestos de comida -porque el hambre es canija, pero más el que la aguanta- después de pasar la noche en un parque. Unos patrulleros los identificaron, les dieron de desayunar, y los devolvieron a sus padres.

No pasó nada, pero queda una lección preocupante.

Cuando unos padres extravían a sus hijos, y lo único que hacen para recuperarlos es bloquear una avenida, la confianza en las autoridades y la justicia es muy precaria, si es que existe.

Buenos días. Buena suerte.
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