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Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

  • Gilberto D Estrabau
  • Soy una actriz, no una vaca

Creo que fue Sofía Loren quien, incitada por los fotógrafos en una pasarela a posar de modo que destacaran más sus notables bubis, los mandó a volar diciéndoles: “Soy una actriz, no una vaca”.

La anécdota me asalta, porque veo que los productores de leche mexicanos anuncian que se manifestarán en el Ángel de la Independencia para exigir a las autoridades que frenen las importaciones y no recorten las compras de leche de Liconsa. Y me pregunto ¿por qué el Ángel?

Supongo que ha de ser porque es el monumento citadino donde más resaltan los pechos femeninos. A la Flechadora de la Estrella Norte, conocida como Diana -de la cual hablaremos más adelante- apenas se le notan, porque las nalgas monumentales se roban toda la alegoría. Y de la Corregidora, ni hablar.

Entonces Niké, la diosa de la Victoria, que es el personaje dorado que remata la columna -y al que llamamos ángel por las alas- con sus juveniles mamas (es notable que los senos femeninos sean la única parte de la anatomía humana que recibe su nombre por su función en beneficio de un tercero; todos los demás órganos existen y trabajan en beneficio de su propio dueño, menos ellos, que tienen el noble encargo de alimentar a otros) inhiestas bajo el peplo, sí evocan a la leche. Además, el efecto será mucho más dramático si, a diferencia de sus colegas de Jalisco, que el pasado abril tiraron a la calle un millón de litros, dejan rodar por las escalinatas ese millón de litros del lácteo, que correrá por el antiguo Paseo de la Emperatriz, por Mississippi y por Sevilla. Sería una inundación castálida que agradaría a Sor Juana.

Como acción de toma de calle, tradición, espectacularidad y geografía, la glorieta inaugurada por don Porfirio es muy buen local, pero a mí, para la apoteosis lechera, me gusta más la Diana.

Si lo que tratan de hacer la unión de ordeñadores, homogeneizadores, deslactosadores, mantequilladores y similares es organizar un big splash, tirar la leche por las escaleras de la glorieta y sí se puede, subir una manguera hasta la base Niké y darle a una probadita a los clientes de Sanborns, el María Isabel y el HSBC de lo que sentía Cleopatra cuando se bañaba, el Ángel es ideal, pero si quieren que, además de llamar atención, los capitalinos los aplaudan y alaben, lo que deberían de hacer es llenar la fuente de la Diana con leche en vez de agua y que los albos chorros refresquen el verano. Y si quieren verdaderamente que no los ninguneen Calzada y Meade, regalar un millón de litros de leche a escuelas, hospitales, asilos y en general a cualquiera que se les acerque mientras están defendiendo sus posiciones. Pasarán a la historia como la primera manifestación que le da algo a la ciudad en vez de quitárselo.

Desafortunadamente, la experiencia enseña que muy rara vez, si alguna, los poderosos complacen a quienes no lo son, sin necesidad de que los presionen, los molesten y los ataquen. Si los lecheros regalaran leche en ver de tirarla, si los maestros dieran más clases en vez de menos, o se pusieran a estudiar para ser mejores en vez de bloquear carreteras tendríamos un mejor país. Algo que no parece interesar a nadie.

Buenos días. Buena suerte.
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