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Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

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  • El retorno de los brujos

El Gobierno federal ha decidido resucitar al Instituto Mexicano del Café (Inmecafé), una organización que en su apogeo, puso muy alta la vara de la corrupción oficial. Parecería que los personeros de la administración perdieron la capacidad de sorprendernos con nuevas siglas, porque el Inmecafé no es la única empresa estatal desahuciada en su momento, y que ha sido rescatada del archivo muerto.
FERTIMEX, SAGARPA, PEMEX

A fines de los sesenta, la industria mexicana de fertilizantes pasó a manos del Estado a través de la creación de la paraestatal Fertilizantes Mexicanos, que buscaba incentivar el uso de los fertilizantes entre los productores
agrícolas.

Durante 1991 y 1992 se realizó la privatización de Fertimex. Sus diversas unidades industriales fueron adquiridas por grupos de inversionistas nacionales y extranjeros, que se dedicaron casi exclusivamente a importar, pues la demanda de fertilizantes en México es de 4.2 millones de toneladas, y la producción nacional es de apenas 1.7
millones.

El titular de Sagarpa, José Calzada Rovirosa, recién llegado al cargo con una hoja de ruta que, pasando por el PRI, desembocaba finalmente en Los Pinos, para entretenerse, creó el Programa de Producción de Fertilizantes Orgánicos, con un presupuesto inicial de 400 millones de pesos. Previamente, Petróleos Mexicanos (Pemex), decidido entrar al mercado de fertilizantes, había gastado más de ocho mil millones de pesos en fierros viejos, pues adquirió como si fueran de alta tecnología los restos de lo que fuera Fertimex, instalaciones y maquinaria con más de 30 años de antigüedad, inactivos durante los últimos 14 años y, para añadir la burla al insulto, con un proceso operación totalmente obsoleto.

Así, a la vuelta de un cuarto de siglo, la industria de fertilizantes está de nuevo en manos del Estado mexicano. Si se hubiera quedado con Fertimex nada de esto hubiera pasado, pero en aquellos tiempos lo moderno era privatizar.
Y AHORA LE TOCA AL CAFÉ

Un recuadro en la primera parte del reportaje de autoría coral que publicó ayer “El Sol de México”, dice a la letra:

“Creado en 1958, el Instituto Mexicano del Café fue un organismo federal que agrupó las actividades relacionadas con la cadena productiva de ese grano mexicano, dio aliento a la investigación agronómica y acaparó la producción y comercialización nacional. Llegó a su fin en 1989”.

¿Y por qué llegó a su fin? Porque su último director, Fausto Cantú Peña, protagonizó un escándalo de corrupción tan monumental que terminó con sus huesos en la cárcel. Según cálculos del propio Inmecafé, contrabandeó alrededor de 12 mil toneladas (200 mil sacos). Al ser descubierto, Cantú Peña acusó a la Subsecretaría de Investigación Fiscal de Hacienda, y a la Dirección General de Aduanas, de estar involucradas en el contrabando de café desde 1976.

Otro aspecto que golpeó mortalmente al café mexicano era que mandaba muestras de excelente grano a los compradores, y luego los envíos eran de calidad inferior. Como resultado, el café mexicano fue castigado y las penalizaciones de la época siguen vigentes.

Y esta fichita es la que quiere volver a jugar al supremo Gobierno.

Buenos días. Buena suerte.
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