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Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

  • Gilberto D’ Estrabau
  • La pólvora del muro se le moja a Trump

 

Quienes tuvieron noticia del primer debate entre los candidatos presidenciales estadunidenses, se extrañaron de que el magnate en peligro de extinción no sacara a relucir en algún momento –quizá después de que acusara a los mexicanos de “robarse” los empleos de los estadunidenses– su propuesta/amenaza de construir un muro en toda la longitud de la frontera con México.

Según mi modesta opinión, se guardó el tema –que ha sido piedra angular de su campaña desde las primarias– para usarlo en alguno de los dos debates aún por celebrarse. Eso, o que alguno de sus asesores, ligeramente más avisado que los demás, le llevó el artículo publicado por Gordon H. Hanson y Craig McIntosh, en el “Journal of Economic Perspectives” de la Universidad de California, en San Diego, donde los autores establecen la razón más obvia por la que construir un muro no tendría ningún sentido: los mexicanos ya no van a Estados Unidos.

Y explican por qué:

“Los mexicanos que llegaron en las décadas de los ochenta y los noventa nacieron en los años 1960 y 1970, cuando los índices de fertilidad en México llegaron a la cifra de siete niños por mujer. México además sufrió repetidas crisis macroeconómicas en las últimas dos décadas del siglo pasado. Para los mexicanos que crecieron en esa época, valía la pena enfrentar el desierto de Arizona y a la Patrulla Fronteriza para conseguir un trabajo en la próspera economía estadunidense.

“El México de hoy es un país distinto. Es más viejo. Desde 1970, el índice de natalidad ha disminuido hasta algo más de 2.1, la fertilidad necesaria para mantener una población estable. La fuerza laboral mexicana crece al mismo ritmo que la de Estados Unidos. Y aunque México todavía es mucho más pobre, ya no cae en crisis cada dos por tres.

“El fin de la transición demográfica en la mayor parte del hemisferio occidental nos hace reflexionar sobre si el gasto en controles migratorios justificará sus costos”, concluyen Hanson y McIntosh.
VIGILAR LA FRONTERA CUESTA 30 MIL MILLONES DE DÓLARES AL AÑO

El “New York Times”, al comentar el análisis de los estudiosos californianos, apunta que actualmente el control migratorio cuesta 30 mil millones de dólares al año y, según Trump, la frontera todavía parece un queso suizo. ¿Debería duplicarse la fuerza policíaca? ¿Cuadriplicarse? ¿Qué decir de los costos de buscar y deportar a 11 millones de personas que han hecho una vida en Estados Unidos y, en muchos casos, tienen hijos con derecho legal para quedarse? Quizá es más importante el enorme costo para los mismos migrantes, que se mide en la pérdida de oportunidades para alcanzar una vida mejor. Esto quizá no le importe a Trump. Sin embargo, vale la pena considerar el costo para la estabilidad mexicana —y las repercusiones en Estados Unidos— de que México hubiera sufrido las crisis de los años ochenta y noventa sin la migración como una válvula de escape.
A 20 MINUTOS DE LA REALIDAD

Es importante destacar que los autores del estudio que se reseña trabajan en San Diego, a 45 kilómetros de Tijuana, o sea, que viven a diario la realidad de la población mexicana que se queda o se va de los EU.

Buenos días. Buena suerte.
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