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Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

  • Gilberto D’ Estrabau
  • Bubis, piernón y Constitución

Cada vez que acontece algo desusado en México, o que lo pueda llegar a afectar, mis amigos residentes en provincia y el extranjero me skipean, mailean, twittean y facebookean suponiendo que, viviendo en la capital, estoy mejor enterado que ellos acerca de lo que ocurre y especialmente de lo que ocurrirá, y que siendo periodista – infundio que llevo decenas de años tratando de desmentir, o al menos disimular, inscribiéndome en el RFC, el INE y la CURP como pianista de burdel –pertenezco a algún Priorato de Sión en el que se concentra la confidencialidad de la política, las finanzas y el sexo (originalmente, el sexo ocupaba el primer lugar en mi personal jerarquización de los intereses de la comunidad, pero luego de que se publicó que el 80 por ciento de las mexicanas y mexicanos cogen en promedio seis veces al mes, he degradado el concúbito al patético lugar que merece).

En fin, que ellos me preguntan como si yo tuviera un clóset lleno de documentos secretos, y en mi portafolios los textos definitivos del Presupuesto 2017 y la Constitución de la CdMx (por cierto, que a partir que la diputada constituyente de Morena, Gabriela Rodríguez propusiera prohibir que las edecanes de Xicoténcatl enseñen mucha chiche y mucha pierna, me han inundado alarmadas preguntas en el sentido de si la Carta Magna chilanga reflejará ese interdicto, y obligará a las mujeres a vestirse como Ifigenia Navarrete, y a los hombres como Porfirio Muñoz Ledo) y yo hago lo mejor que puedo por no desilusionarlos.

Un antiguo compañero de estudios en la Sorbona me pregunta -¿Puedes describirme en 140 palabras la política exterior de México?

– Me sobran 130, le respondo: la política exterior de México es no tener política exterior (como lo acaba de demostrar el sainete protagonizado por el exembajador en las Naciones Unidas, Andrés Roemer, la canciller Claudia Ruiz Massieu y el hasta ahora tan anónimo como supuesto dador de instrucciones a sueldo de los palestinos).

¿Es cierto –me pregunta un caballero que vive de comprarle cosas a los chinos y vendérselas a los gringos– que no importa quién gane las elecciones en estados Unidos, va a cancelar el TLCAN?

En cuanto al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) solo voy a decir lo siguiente. Si se cancela, México pasa al primer lugar absoluto del mundo como país damnificado, muy por encima de Haití, y sin necesidad del más mínimo aguacero o temblor de tierra.

-¿Por qué tanto escándalo con Javier Duarte, cuando todo el mundo sabe que las gubernaturas mexicanas son fábricas de millonarios?

Lo que pasa con Javier Duarte, le contestó, ya era praxis política antigua y probada en tiempos de Nabucodonosor. O sea, magnificar problemas reales o ficticios, pero que llamen la atención de la ciudadanía, cuando el régimen tiene varias pelotas en el aire, y cualquiera que se le caiga va a reventar y dejar a toda la kleptocracia como Dios puso al perico. Es como los gobiernos argentinos, que en cuanto se les salen de control los sindicatos o los agricultores, sacan a relucir la soberanía de las Malvinas y retan a los ingleses a un duelo criollo.

Buenos días. Buena suerte.
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