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Jugaremos en el bosque mientras el lobo no está: ¡Psst! ¡Psst!

  • La moviola/ Gerardo Gil

La onomatopeya del título responde a una anécdota que me permito contar y que se enlaza con la película que hoy nos ocupa La Bruja de Blair:

Quien esto escribe iniciaba la secundara. Como parte de las actividades que daban comienzo al ciclo escolar, cada año los grupos de primero hacían un paseo a una casa en medio del bosque. Auxiliados y cuidados por los mayores –los de tercero- y por supuesto los profesores de los distintos grupos, algunos hermanos lasallistas.

Para ponerle emoción al asunto, el primer día antes de la cena de bienvenida y divididos en grupos de cinco, los recién ingresados a la secundaria, ninguno mayor de 12 años, debían hacer un recorrido nocturno en un tramo del bosque solo cuidado por un “monitor” o auxiliar de tercero. La meta era la casa.

Todo bien, si no fuera porque antes de iniciar el recorrido los hermanos lasallistas y monitores contaban una historia: en el bosque había una bruja y llamaba la atención de los que recorrían el lugar con un sugestivo ¡Psst! ¡Psst! Quien volteara al lado donde se había escuchado el ruido, sería víctima de una maldición el resto de su vida.

La curiosidad mató al gato y ¡Psst! ¡Psst! hasta las más firmes intenciones de sobrevivencia ceden ante lo prohibido. No hubo un solo grupo que se librara de voltear ante el malévolo pero sugestivo llamado que se
escuchaba en los matorrales.

Y al llamado de lo prohibido ha cedido La Bruja de Blair (Adam Wingard, 2016). En 1999 en medio del acostumbrado bombardeo de blockbusters irrumpía El Proyecto de la Bruja de Blair. El filme de aire independiente era dirigido por Eduardo Sánchez y
Daniel Myrick.

La película tuvo varios méritos que hoy conserva, el primero de ellos era integrar la metaficción a una suerte de horror psicológico al contar la historia de la desaparición, supuestamente real, de unos jóvenes por medio de un metraje o grabaciones que daban testimonio del hecho y que ellos habían realizado.

A eso se sumaba el manejo de la cámara o mirada subjetiva, algo que si no nuevo en el cine de Hollywood si era muy poco común.

La película pues, en la manera de contar una historia y presentarla –lo narrativo y lo visual- hizo escuela. Nada de esto sucede con la tercera parte: La Bruja de Balir.

En esta nueva entrega, luego de una secuela que en el 2000 pasó sin pena ni gloria, vemos reciclar la historia una y mil veces vista del cine de horror. Adiós al susto psicológico y bienvenido la hechura más convencional de la industria para este género. Luego de que un video puede dar pistas sobre lo que le pasó a “Heather”, una de las chicas de la primera entrega, llega a las manos de su hermano menor “James” (James Allen McCune) el joven decide hacer una expedición acompañado de un grupo de amigos “Ashley” (Corbin Reid), “Lisa” (Callie Hernández) y “Peter” (Brandon Scott) que hará las veces del burlón sacrificado en la primera mitad de la película como dicta la receta y se adentran en el bosque Burkittsville.

Al principio reciben la ayuda de un torvo lugareño “Lane” (Wes Robinson) y su nerviosa novia “Talia” (Valorie Currie).Ellos tienen información sobre cómo apareció el video. Ya adentrados en el bosque las aventuras scoobydescas de los jóvenes irán de lo más convencional dentro del género a lo francamente efectista y gratuito con constantes referencias, guiños al espectador, que conoce el origen para justificar la razón de ser de este entrega.

Y desde el inicio hay una traición a la película original. Tan es así, que no hay un manejo correcto de la cámara o mirada subjetiva, que no encuentra una congruencia secuencial en la edición. Es decir, hay una confusión sobre en dónde se posa el aparato que graba todo lo que les sucede. Está únicamente para hacer referencia a los logros del filme original.

La película pretende sostenerse con una anécdota mínima –que nada la separa de cualquier filme del género- y que abusa, ya que presume la idea de un cine de hechura artesanal,  de los efectos de sonido.

¡Psst! ¡Psst¡ Una idea fresca e independiente cede a la tentación de la poderosa industria cinematográfica, cual si fuera bruja en el bosque y se espera que con este filme La Bruja de Blair se convierta en una franquicia. Una más.

¿La Maldición por haber volteado a ver a la bruja? Después de ver este filme y la mayoría del verano yo no la
pongo en duda.