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La agenda del Presidente

Por Luis Humberto Fernández Fuentes 

Un gobierno dura tanto como su proyecto. Cuando un gobierno ha perdido su dirección e intencionalidad se puede dar por terminado. Así como Isaiah Berlín hablaba del siglo corto, también se puede hablar de los sexenios cortos. Hoy, el Presidente ya renunció a cualquier posibilidad de mejora. No propone, no lidera y, al parecer, ya no es un factor en la solución de los problemas nacionales. ¿Dónde quedó la Cruzada contra el Hambre, las promesas sobre combate a la pobreza, los proyectos de infraestructura o la abundancia prometida, derivada de las reformas estructurales?

La violencia, el espionaje a líderes sociales, el torpe, desaseado e inescrupuloso manejo de la intervención del gobierno en los procesos electorales de Coahuila y Estado de México,y la destrucción de las instituciones a través de nombramientos de su cortesanía, nos muestran que el Presidente ya solo tiene una agenda: la defensa de un establishment corrupto y expoliador. Su prioridad es defender privilegios, concesiones, contratos y amigos.

El país está en un proceso de grave riesgo y descomposición. La violencia está tomando dimensiones de epidemia, sin control, ni estrategia alguna. En lo económico, todos los escenarios apuntan a la vulnerabilidad. Es urgente la reconciliación y la gobernabilidad, pero esta no es la agenda del Presidente. Pareciera que los intereses están por todos lados y no se observa el interés público en ninguna decisión.

Poco le queda al Presidente para salvar los tropiezos de su legado: no hubo crecimiento económico, no disminuyó la pobreza, las instituciones están vulneradas y han sido infiltradas. La única carta sensata que el Presidente puede jugar es mantener la gobernabilidad y la estabilidad nacional, pero no lo logrará con la estrategia actual de defensa, cortesanías y proveedores, por los que ha pagado tan altos costos.

Si en los últimos meses de su mandato el Presidente opta por encausar el proceso de sucesión de manera institucional y responsable, así como combatir a la corrupción, le será de gran utilidad a la nación. Si decide que su prioridad es ser dirigente de partido y coordinador de campaña, su gobierno estará condenado, independiente del resultado de la elección, a ser defenestrado.

No existe tercera alternativa. En este momento solo hay dos posibilidades: la defensa del status quoo tratar de reencauzar al país. Mantenemos la esperanza de que el Presidente pueda platear una agenda institucional basada en el interés público y no en el de los contratistas y privilegiados.

@LuisHFernandez