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La amistad no puede ser argumento frente a la verdad / Juan Antonio García Villa

  • Juan Antonio García Villa

El hacer bien a villanos es echar agua en la mar (El Quijote)

El pasado 15 de enero el exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, fue detenido en el aeropuerto de Madrid. No habían pasado ni 24 horas cuando el conocido columnista Armando Fuentes Aguirre, Catón, salió en su defensa. Invocó como principal argumento el hecho de ser su amigo, igual que Rubén, su hermano, actual gobernador, “de quien he recibido –escribió- muestras de afecto que siempre voy a agradecerle”.

Afirmó que jamás hablará mal de Humberto Moreira y que prefiere que lo tachen de mal periodista “a faltar a la fe de un amigo, a ser ingrato o desleal”. Manifestó su desacuerdo con Aristóteles, quien dijo ser amigo de Platón pero más amigo de la verdad. Para Catón “la verdad es amiga, pero más amigo es mi amigo”. ¿Por qué? Porque aunque la verdad –dice– “pertenece al mundo de lo razonable”, es sin embargo “huidiza: (pues) lo que para uno es verdadero para otro será falso. La amistad verdadera, en cambio, es firme y perdurable”.

Luego el reconocido periodista escribió: “Es cierto que Humberto Moreira incurrió en graves errores pero igualmente hizo mucho bien al Estado que gobernó”, y “la gente sabe que las mayores culpas no fueron de él, sino de malos colaboradores que abusaron de su confianza y generosidad”.

Pues bien, sin ánimo –ni remotamente- de injuriar al renombrado periodista, debe decirse de entrada que cada quien es libre y está en su derecho de tener los amigos que desee. Y naturalmente no hablar mal de ellos y aún en salir en su defensa, en particular cuando se encuentren en un grave apuro. Pero tal actitud, obviamente, no puede ser a costa de la verdad, porque entonces quien asume esa posición es desleal no con el amigo, sino consigo mismo. Y deja de ser quien así actúe un hombre libre. El periodista cuya verdad quede limitada por la amistad, tiene severamente restringida su libertad.

En este asunto ¿cuál es la verdad? En sentido estricto la verdad histórica –por desgracia un concepto hoy tan devaluado luego de aquel infame discurso de Murillo Karam-, verdad que en un Estado de Derecho debe coincidir con la verdad jurídica.

Aunque huidiza, no cabe duda de que los hombres fuimos dotados de la facultad que nos permite conocer la verdad. El mismo don Armando Fuentes Aguirre así nos lo demuestra al escribir que “Es cierto que Humberto Moreira incurrió en graves (tómese nota: graves) errores, pero igualmente hizo mucho bien al Estado que gobernó”. En el supuesto de que esta ecuación corresponda a la realidad, ¿significa entonces que es éticamente válido el principio según el cual el fin justifica los medios?

En otro pasaje, el periodista escribió que “la gente sabe que las mayores culpas no fueron de él (de Moreira), sino de (sus) malos colaboradores”. Queda claro que no obstante su amistad, don Armando reconoce que aquel tuvo culpa, supuestamente menor que la de sus desleales colaboradores. Colaboradores cuyos nombres no menciona, pero en Coahuila se conocen y a quienes sin más el periodista condena negándoles la presunción de inocencia, presunción de la que hasta el propio Moreira goza. Ahora, si es válido tal argumento, lo que “la gente sabe” en Coahuila es que Moreira no es menos ladrón que Caco.