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La anarquista | Entre piernas y telones | Claudia Romero

  • Entre Piernas y Telones : Claudia Romero

Imposible no involucrarse

David Mamet es un escritor norteamericano con unos textos lapidarios, tanto cuando escribe ensayo, como teoría del teatro o del cine y qué decir de sus textos dramáticos. Con ellos golpea duro y a la cabeza. Los que hayan visto Oleana, Glengary Glen Rose, sabrán de lo que estoy hablando. Como guionista en cine están Los Intocables, El Cartero Llama Dos Veces y también se le conoce como director del séptimo género.

Yo soy una gran admiradora de él, pues cuando se dirige a los que hacemos teatro, no deja títere con cabeza. Nos despoja de todo lo que no esté en favor de contar la historia, de alcanzar un objetivo y ser dúctiles para ello. A los actores de sentimentalismos y superficialidad, a los directores de falsos esteticismos y a los autores, de la palabra que no sea esencial para accionar.

El texto se convierte entonces en un vehículo pulcro para un objetivo, no le sobra una coma. No se anda con rodeos, los personajes ya estaban ahí cuando llegamos y lo que dicen no está en función de que los conozca el público o tome partido por ellos y sin embargo, el público los conoce y toma partido. Es mágico.

Yo no lo conozco mucho y la verdad me cuesta trabajo entenderlo, pero lo admiro profundamente. En México he visto dos montajes de él: Oleana y ahora La Anarquista. Ambas obras son un juego de tenis entre dos personajes, donde la pelota intelectual pasa de uno a otroy la respiración del público se suspende constantemente. Ambas obras cuentan con dos actores con puntos de vista diametralmente opuestos, con objetivos encontrados, y es ahí donde surge el teatro, el drama.

En La Anarquista, obra que protagonizan Marina de Tavira y Lisa Owen el duelo se triplica. Primero, la mujer implacable en su tarea de apegarse a la ley y la presa redimida y arrepentida. Segundo, la postura intelectual, calculadora, contenida frente a una mujer consumida por el dolor de haber vivido en prisión. Y por último el duelo de actuaciones, ambas comprometidas y firmes ante sus objetivos. Tengo la impresión de que Mamet no disfrutaría de esta puesta magistral de Enrique Singer, llena de emociones, picos y cuestas dramáticas que remueven todo el tiempo. Sin embargo, yo no veo cómo no involucrarse en este texto lleno de información y pasión; ni como actor, ni como espectador.

Felicidades a la iluminación de Gabriel Pascal, sencilla y acertada. Felicidades al productor por apostar por un texto tan arriesgado.

/arm