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La antesala del 2018

  • Benjamín González Roaro

Los procesos electorales que tuvieron lugar este fin de semana y, de manera muy particular la elección en el Estado de México, fueron considerados como el laboratorio de la disputa por la Presidencia en el 2018.

Más que asumirlos como la antesala en términos de tendencias y preferencias ciudadanas, me gustaría hacer una reflexión desde la óptica de aquello que no deseamos que suceda el próximo año.

Después de las seis de la tarde del pasado domingo 4 de junio, los candidatos a gobernador por Coahuila y Estado de México, de acuerdo a sus propias “encuestas de salida”, comenzaron a declararse vencedores sin que existieran cifras oficiales.

A pesar del llamado hecho por el presidente del Instituto Nacional Electoral, para que los candidatos esperaran los resultados de los conteos rápidos y el desarrollo de los PREP’s, llegamos a un momento de la jornada en la que, en dichos estados, teníamos a más de un candidato declarado ganador, no había perdedores.

Este tipo de prácticas en nada contribuyen a fortalecer el clima de certidumbre durante la etapa final del día de la jornada electoral. No bastaron el cúmulo de anomalías, viejas prácticas y el desmedido derroche de recursos a los que recurrieron los candidatos; por el contrario, decidieron ir por más: de la disputa en las urnas, pasaron a la disputa en los medios y las redes sociales.

Por si esto fuera poco, en el caso del estado de México -sin duda la elección más trascendente- la autoridad electoral no estuvo a la altura. El Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) cedió a las presiones y no tuvo la sensibilidad política para manejar la difusión de los avances del conteo rápido.

A las 21:50 hrs, el Instituto, apenas con el 74.1% de las casillas que formaban parte del muestreo, dio a conocer los “rangos de votación” en donde el candidato de la coalición encabezada por el PRI lideraba como ganador. Dicho anuncio sólo abonó a la confusión.

Llegamos a la media noche con dos ganadores: Alfredo del Mazo, que justificó su triunfo en las tendencias del conteo rápido y Delfina Gómez, que se basada en los resultados del Programa de Resultados Preliminares. Dos triunfos respaldados por instrumentos y metodologías a cargo de la autoridad electoral. Una situación similar ocurrió en Coahuila.

Estos hechos -las declaratorias anticipadas de triunfo por parte de candidatos, la difusión de rangos de votación de un conteo rápido incompleto, así como el desfase de éste con las tendencias reportadas por el PREP-, muestran aquello que es necesario resolver de cara a la elección presidencial.

Desde luego, no hay tiempo para reformas a la legislación, pero esto no puede ser capitalizado por los candidatos de manera tan impune. El INE debe trabajar en acuerdos con los partidos para garantizar la confianza ciudadana; debe asegurar que los conteos rápidos se divulguen hasta tener el cómputo total de la muestra, en aras de la credibilidad de las instituciones electorales.

Ha tomado mucho tiempo avanzar hacia la construcción de un costoso sistema democrático que, en términos procedimentales, hoy en día nos permite contar con procesos electorales transparentes y legales, así como con autoridades autónomas e imparciales. Esto es lo que debemos cuidar para el 2018, la credibilidad de las instituciones electorales.