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La autoridad federal en la Catedral…

  • María Antonieta Collins

No hay peor pesadilla para un reportero de televisión, que recibir una asignación urgente, es decir, que sea para el noticiero de ese mismo día, cubriendo algo dentro de la Catedral Metropolitana de México. Es un calvario burocrático brutal. ¿La razón? Tuve que explicar a quienes no entendían, como la productora y el camarógrafo que me acompañaban desde Estados Unidos, que históricamente desde don Benito Juárez, las iglesias, sin importar cual, son recintos federales, propiedad del Gobierno, y por tanto, el permiso de ingreso es literalmente un viacrucis porque el Gobierno es el dueño y responsable de los santos lugares.

Para los burócratas entonces, -los días anteriores a la visita del Papa argentino- aquello era simplemente imposible.

“¿Entrar con una cámara en catedral? -nos dijeron- ¡Por Dios! ¿para el mismo día? ¿Qué se han creído? Eso no es posible. Le dijimos que teníamos un reportaje con un importante prelado.  “No importa si tienen agendada una entrevista con un sacerdote, sea quien fuere. Esto es asunto federal, así que fuera cámaras. Hagan el favor de salir de aquí y no se les ocurra grabar”.

El asunto del permiso es otro cantar. Lo tiene que dar una persona, que en aquella ocasión no se encontraba, ni estaría en la próxima semana: “Inténtenlo en quince días” fue la respuesta.

Lograr aquella asignación fue cuestión de astucia, como bien hubiera afirmado el Chapulín Colorado.Conclusión: entrar ahí en forma legal es casi misión imposible. Entonces, ¿Por qué pasan otras cosas más graves, fuera de los códigos, si hay tanta vigilancia? Los recuerdos vinieron a la mente el día que sucediera la terrible agresión del padre José Miguel Machorro en plena Catedral mientras oficiaba misa, tristemente su estado es lamentable. Aun cuando se recupere, la acción del demente criminal que lo atacara para matarlo frente a todos, lo dejará lisiado de por vida. Paralizado de medio lado su vida, transcurrirá en un limbo de salud que nunca pensó que le ocurriera. ¿La razón? Sin lugar a dudas la falta de seguridad, ríase o no, que prevalece dentro de la Catedral Primada de México, y que culminó con la agresión al pobre párroco a manos de un delincuente con cara de gente decente, pero hay otras cosas que deberían preocupar al INAH y al gobierno federal porque son su responsabilidad.

Por ejemplo, la alerta que constantemente hace el padre Hugo Valdemar, director de Comunicación social del Arzobispado de México:

“Hay un peligro inminente de incendio en la Catedral Primada de México por negligencia de las autoridades civilesen el mantenimiento del templo”. En el semanario “Desde la Fe” decía claramente que existe el riesgo de que se queme debido a las malas condiciones del sistema eléctrico. “Hemos advertido repetidamente a las autoridades y no nos hacen caso. Por eso se interrumpió el servicio de cámaras y por eso, peor aún, el peligro de que la Catedral se queme y si hay personas dentro eso sería desastroso”.

La Catedral es responsabilidad del Gobierno federal no de la Iglesia católica. Desde las leyes de Reforma. Es recinto federal y nadie puede meter mano. Solo el INAH.

Cuando a visita de papa Francisco a México el Gobierno de la capital instaló un moderno sistema de vigilancia por cámaras, pero por losmismos problemas eléctricos que habla el padre Hugo Valdemar, tres cámaras fueron dañadas y eventualmente se suspendió todo el sistema.

Y aquí viene la realidad.

De haber estado funcionando las cámaras de seguridad, los encargados bien pudieron haber actuado más rápidamente en el ataque de mayo pasado, y quizá, incluso, prevenir la locura cometida por el agresor del padre José Miguel Machorro en Catedral, en plena misa.

Aquí me viene aquella frase tan famosa del antiguo programa de televisión “Los Beverly de Peravillo” ¿Las autoridades son muy celosas de su deber? Si el niño se ahoga… ¿quién tapará el pozo?