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La belleza de las dictaduras

  • Profesión escritora: Andrea Balanzario

“Un monumento al sufrimiento y al coraje de nuestro tiempo”, acertada justificación de la Academia Sueca del Premio Nobel de Literatura 2015. Algunos títulos como El fin del “Homo sovieticus” se agotaron en la primera edición, fue preciso esperar ediciones subsecuentes para leer a Svetlana Aleksiévich, escritora bielorrusa cuya escritura es tan depurada que una siente instantánea empatía con ella y las miles de personas entrevistadas para configurar una obra más bien limitada, “La guerra no tiene cara de mujer” (1985), “Últimos testigos. Los niños de la Segunda Guerra Mundial” (también de 1985), “Los muchachos de zinc. Voces soviéticas de la Guerra de Afganistán” (1991), “Fascinados por la muerte” (de 1994, aún sin traducción al español), “Voces de Chernóbil” (1997) y “El fin del ‘Homo sovieticus’”, publicado apenas en 2013, ya disponible en México con el sello Acantilado.
Novelas polifónicas

Recomponen la imagen de un pueblo, el soviético, después del fin de la utopía. Muchas voces, mujeres y hombres entrevistados por la periodista para reflejar el dolor del parto, de un sistema totalitario hasta la “libertad”. Cada persona vive a su manera la transición, pasan de comer papas todos los días a tener una selección de más de cien tipos de salchichas, decenas de platillos con carnes de todo tipo; pasaron de la más limitada existencia a no saber cómo insertarse en la “sociedad híper consumista”. Cientos, tal vez miles de entrevistas confirman el descontrol de dos generaciones, una nacida en la utopía, la otra en la economía de mercado. ¿Pero, y los valores como el amor, los celos, el alma rusa, la predilección rusa por la violencia y la guerra, dónde o cómo se insertan en el libre mercado? ¿Cómo cortar de tajo el pasado soviético y toda su carga de dolor? Ya las primeras líneas advierten sobre los millones de víctimas ‘planeadas’ por el Soviet Supremo para inocular el terror en el ADN ruso. Cualquier cambio implantado desde fuera invita al rechazo, el pueblo ruso añora, por difícil que pueda parecer, la esclavitud mental, el miedo y las papas como único alimento. Svetlana Aleksiévich, recoge testimonios a lo largo de una geografía inmensa, antes unificada por los tiranos, hoy tan segmentados que ni ellos, los rusos se reconocen entre sí. La libertad no se puede asumir y ejercer por decreto, Aleksiévich lo comprueba en 656 páginas, “un monumento al valor y al sufrimiento de nuestro tiempo”.

El fin de la utopía

Con la sola ayuda de una grabadora y una pluma, Svetlana Aleksiévich se empeña en mantener viva la memoria de la tragedia que fue la URSS, en narrar las microhistorias de una gran utopía. «El comunismo se propuso la insensatez de transformar al hombre “antiguo”, al viejo Adán. Y lo consiguió […]. En setenta y pocos años, el laboratorio del marxismo-leninismo creó un singular tipo de hombre: el Homo sovieticus», condenado a desaparecer con la implosión de la URSS. En este magnífico réquiem, la autora reinventa una forma literaria polifónica muy singular que le permite dar voz a cientos de damnificados: a los humillados y a los ofendidos, a madres deportadas con sus hijos, a estalinistas irredentos a pesar del Gulag, a entusiastas de la perestroika anonadados ante el triunfo del capitalismo, a ciudadanos que plantan cara a la instauración de nuevas dictaduras. Un texto extraordinario por su sencillez, que describe de un modo conmovedor la sobrecogedora condición humana.
La guerra no tiene rostro de mujer

La crítica dice que este es el libro que ganó el Nobel de Literatura, ofrece la cara y nombres, el miedo y la esperanza de casi un millón de mujeres que combatieron en las filas del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, pero su historia nunca ha sido contada. Este libro reúne los recuerdos de cientos de ellas, mujeres que fueron francotiradoras, manejaron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. Su historia no es una historia de la guerra, ni de los combates, es la historia de hombres y mujeres en guerra. ¿Qué les ocurrió? ¿Cómo les transformó? ¿De qué tenían miedo? ¿Cómo era aprender a matar? Estas mujeres cuentan la parte no heroica de la guerra, a menudo ausente de los relatos de los veteranos; hablan de la suciedad y del frío, del hambre y de la violencia sexual, de la angustia y de la sombra omnipresente de la muerte. Aleksiévich deja que sus voces resuenen en este libro estremecedor, que pudo reescribir en 2002 para introducir los fragmentos tachados por la censura y material que no se había atrevido a usar en la primera versión.
Voces de Chernóbil

Tal como enfatiza su propia autora, este no es un libro sobre Chernóbil, sino sobre sus consecuencias —las pasadas y las futuras—, sobre personas a las que les tocó vivir una nueva realidad que todavía existe pero que aún no se ha comprendido. Aquellos que sufrieron Chernóbil son los supervivientes de una Tercera Guerra Mundial nuclear. Según Alexievich, en este mundo hostil todo parece completamente normal, el mal se esconde bajo una nueva máscara, y una no es capaz de verlo, oírlo, tocarlo, ni olerlo. Cualquier cosa puede matarte, el agua, la tierra, una manzana, la lluvia. Nuestro diccionario es ya obsoleto. Todavía no existen palabras, ni sentimientos, para describir esto. Lee esta autora, último acierto (me parece), de la Academia Sueco de los Premios Nobel, estos tres libros
están disponibles en México.