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La bonita y la fea

  • Ramón Ojeda Mestre

  • Ramón Ojeda Mestre

Realmente, en la historia de la humanidad, no se ha hecho justicia a las feas, a pesar de que son la mayoría y a despecho de que, desde el origen, el homo sapiens ha tenido madres, hermanas, primas, tías, novias, esposas, compañeras, amigas, y socias feas. Para decirlo crudamente, la inmensa mayoría de las reinas, princesas y emperatrices de todos los países a lo largo de estos últimos 12 mil años han sido feas en diverso grado. No soy yo quien lo afirma o categoriza audaz e impunemente y en los más de los casos post mortem, quien así lo definió fueron las costumbres o los patrones estéticos de las diversas épocas o regiones.

Los hombres feos somos a veces hijos de madres bonitas y a veces de progenitoras feas, pero conozco hombres muy guapos o apuestos que han sido hijos de madres muy feas y lo mismo aplica a las mujeres bellas. De los varones ya ni digo algo pues vengo de la cultura costeña que afirmaba que el hombre debía ser feo, fuerte y formal. Hágame usted el do, re, mi, fa, sol, la, sí. Es más, afirmo que las bonitas han sido más queridas y deificadas que las feas. En todas las religiones y cultos ponen a las imágenes femeninas como verdaderas concursantes de “Miss” Orizaba, es decir, preciosas.

Viene a cuento porque en la Semarnat, la bonita es la Conanp y la fea es la Profepa. La Conanp es la que cuida a la naturaleza, la que declara áreas protegidas a las regiones hermosas, a las islas increíbles, incluso a pedazos de mar llenos de coral y peces fantásticos y se despacha con la cuchara grande quedando bien con todo el mundo y exponiendo cifras y fotos que a todos nos gustan y maravillan, sean de paisajes, montañas, ríos, animales, como usted sabe, de plantas y árboles majestuosos, de escenas submarinas o de islas y parajes, de cavernas o de fenómenos geotérmicos, lagunas y un “montón de cosas más”, como diría Atahualpa Yupanqui, cuyo verdadero nombre no puedo revelarle sinuosa talámica. La Conanp que dirige bien Alejandro del Mazo, es la bonita.

En cambio, sin embargo, empero, tautologizo, la Profepa, es la más importante de toda la secretaría ambiental y es la mala y la fea de la película, cuando es la que verdaderamente pone límite a los excesos de cuanto malandrín conculcatorio hay o habemus en este hermoso y expoliado país nuestro. La Profepa es importantísima y cada servidor público que funge como su titular, es, desde mi modesto pero garrudo punto de vista, más importante que todos los secretarios de Estado juntos. Si, así como lo lee. Es a la que le toca castigar, inspeccionar, dictaminar, o definir “qué tanto es tantito” y quiénes son los verdaderos enemigos de la biodiversidad. Es decir, el procurador decide quiénes son los buenos y quiénes los malos y eso, eso es lo más difícil que hay. Piénsele, si es que tanto alcohol le ha dejado neuronas. La Conagua que sería importantísima, no ha servido, si no fuera cierto, habría en México aunque sea un río limpio. Uno, siquiera para mostrarlo en la COP 13 en la que estaremos.

Mis respetos para la Profepa y para la difícil y angustiosa tarea de su actual víctima, Guillermo Haro, y digo víctima con conocimiento de causa. El magistrado López Ramos y muchos otros fuimos testigos de lo que relató un exprocurador en la judicatura. Y usted puede platicar con todos los que han sido procuradores. Lleve pañuelos dobles para todas las lamentaciones y plañideros desfogues de esos macilentos. Su tarea es asaz difícil porque la Profepa perversamente es un órgano desconcentrado de la Semarnat y no un organismo descentralizado. A Haro le tocó bailar con la más fea.
rojedamestre@yahoo.com