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La “cadena” de AMLO

  • Catalina Noriega

Tenía que llegarle el destape. Nadie, en su sano juicio, se explicaba de qué vive López Obrador –sin un trabajo fijo desde hace décadas- y de dónde salían los fondos para tanta gira, eventos en el total de los municipios de la República y el pago a sus colaboradores.
Por poco que gastara en cada uno de sus viajes, entre la gasolina, el hotel, las comidas, el equipo de sonido, el alquiler de sillas y demás artículos indispensables para una reunión, al sumarse dan cantidades importantes. Sin un capital de respaldo, imposible solventar su trashumancia.

Los videos y la vasta información que presentó El Universal, confirman que tiene “recaudadores” que se encargan de financiarlo. Los recursos que recibe el partido de su propiedad, Morena, serían insuficientes para el exceso de presentaciones que hace el tabasqueño.

He aquí que, a la diputada veracruzana, Eva Cadena, la pescaron con las manos en la masa y -a saber, si es tonta de capirote, o más lista que el aire- “soltando toda la sopa”.

Reveló, con su vocecita de monja de clausura, que la encargada de llevarle los ingresos a López Obrador, era ni más ni menos, Rocío Nahle. La señora Nahle, también oriunda de Veracruz, es coordinadora de la fracción de Morena en la Cámara de Diputados y se ha distinguido por sus rollos fanáticos, histéricos y desenfrenados, a favor de su gurú, Andrés Manuel.

De preguntarse qué les da que los pone a comer de su mano. He conocido personas cultas, con preparación, que cuando hablan de él hasta se siente como si se “transfiguraran”. Pierden el raciocinio, la capacidad de argumentar y solo repiten las premisas de su mesías, con lo que liquidan el posible  diálogo y el espíritu crítico. El autoritarismo puede ser más contagioso que el sarampión.

Lo dicho por la legisladora -a punto de dejar de serlo por un juicio político en su contra-, paró de pestañas a la Nahle, quien afirma que todo es conjura a cargo del “PANosaurio” Yúnes, actual mandamás de la entidad.

Rebumbio de rebumbios, a pocos días de que se defina la elección del Estado de México, que ha supuesto la “madre de todas las batallas”. Un proceso que habrá de definirse entre dos punteros: Delfina Gómez de Morena y Alfredo del Mazo del Tricolor.

Reitero lo dicho: ni a cuál irle. La diferencia es que a la autollamada “maestrita”, que tanto alardea de honestidad, le sale a relucir el cobre y como la Cadena, parece que más que pecar de ingenua peca de ladina.

Cuando alcaldesa de Texcoco, además del descuento que les hacía a los trabajadores, se sabe con pruebas fehacientes, que su director de policía estaba en contubernio con los huachicoleros, negocio floreciente en su administración.

El Universal saca a relucir lo espléndido de los Texcocanos con Morena, dádivas que los colocaron en el primer lugar de donantes, al organismo político. Entre el 2014 y el 2015, sus aportaciones sumaron más de cuatro millones de pesos. El insigne padrino político, Higinio Martínez, reconocido cacique local, actual presidente municipal y “forjador” de un tal “Grupo de Acción Política”, puso 400 mil pesos a la causa y su hijo Ernesto, 300 mil. Se ve que a la familia le sobra.

Tanta generosidad explica el por qué AMLO eligió a la humilde maestrita, como candidata. Se caen las caretas de los figurones de Morena y aparecen las caras de la corrupción.

López insiste en que el PRD decline a favor de Delfina y suaviza el tono: El “nervioso” ahora es él. A su pupila, el saco (Estado de México) le quedaría muy grande y ¡aguas con sus mañas!
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