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La campana del amor

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

Por aquel día que amemos a la humanidad, y con ello, a nosotros mismos.

Lo que quede de ella, lo que quede de nosotros.

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De cualquier manera, no les hablaré hoy de eso. Sí, de que en un recorrido por muchos comercios, pues voy muy atrasada en regalos para mis amigas últimamente, he encontrado cosas maravillosas.

Así como así puede sonar insolente tener una “campana del amor”, pero para qué es más que la verdad, que hace falta meterle cambios a los compañeros de viaje para no generar rutinas, ¿no creen? Nada peor que las rutinas insalvables.

Entonces, me encontré con dos aparatejos fabulosos: El primero, una campanita de color amarillo –será para que no se pierda– que también es pluma –ese es el mango–, un artefacto muy sencillo que reza: “Ring for Sex”. No me encanta que las palabras estén en inglés, pero seguramente no se les ocurrió en español, algo más directo y breve… Algo así como los tanques apagafuegos, tras vitrinas, que dicen: Rómpase en caso de incendio.

La segunda chulada que me encontré, fue una de esas campanas que se encuentran en las recepciones de los hoteles (ya no en muchas) que se presionaban, y también emitían un timbrazo. La frase que la acompañaba era la misma: “Toque para Sexo”. Esas tres palabras en español, podrían resultar ambiguas o despertar diversas ideas, así que sin pena ni gloria, volvemos al “ring for sex”.

Desde luego que adquirí varios ejemplares de esas monerías, porque no quiero que se vaya a terminar la dotación, cual si fuese única, y nunca más las vuelva a encontrar. Comprendí que todos deberíamos tener un juguete semejante en nuestra casa.

Les comento esto, porque me parece que es un recordatorio que debemos tener muchos, para salirnos de la rutina y jugar un poco.

Todo puede acabar perdiendo la emoción y el interés. Tal como he afirmado alguna ocasión,pienso que hombres y mujeres acabaremos siendo independientes, viviendo solos y solo dándonos físicamente a ratos, en tanto… Me viene a la memoria esos tiempos en que hombres y mujeres –en matrimonio- únicamente compartían habitación cuando querían tener sexo. ¿Se dejaban algún recadito en la almohada? ¿Se pasaban una nota bajo la puerta? ¿Acudía el varón a la habitación de la amada o al revés? Supongo que a quien se le ocurrió que la pareja durmiera siempre en la misma cama, fue a la economía, porque nada mejor que el espacio de cada quien, para crear, alumbrar ideas y también para desear.

¿Se imaginan tener una campana del amor como adorno en la sala y tener invitados? Eso puede ser un buen tema para conversar y reír, para divertirse mucho. Si son amigos legítimos, la verán y darán plática; si no, la mirarán y lo comentarán entre ellos… Puede ser que les brinde una noche de placer o bien, que quieran hacer lo mismo que yo, buscar ejemplares, como regalo para sus entrañables.

O,¿qué tal?, un soltero (hombre o mujer) invita a su departamento a la persona que le interesa, y tiene colocada en lugar estratégico la campanita para que el otro la mire… ¿Será que así evitaremos las palabras? Desde luego que no, solo es una pequeña ayuda para el coqueteo y el contacto.

Sostengo, la vida es corta. Por más que queramos tener todo bajo control y pensemos que lo tenemos, la verdad es que poco logramos dominar, ni siquiera nuestras conciencias, quizá ni nuestros guiños…, porque en ocasiones, hasta nuestros gestos nos llevan la delantera y nos delatan.

Es por ello que comenzaré a dar regalos a mis amigos (y no, no compré los presentes que debía), me gasté todo en campanitas… Pero es que, la vida está llena de catástrofes. Es tan necesario comenzar a cambiarnos el punto de vista, es tan necesario darnos la oportunidad de pensar que podemos ser felices y que la vida tiene sentido. Tocar la campana no sea quizá un desliz, sino una apuesta básica para rescatarnos a nosotros mismos del pasmo.

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