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La catarsis del perdón

  • Pedro Peñaloza

Y, después de todo, ¿qué es una mentira? Nada más que la verdad con máscara.

Lord Byron

Pedro Peñaloza

1. Perdón ¿de qué? El licenciado Peña hace un par de días nos dijo, “todos tenemos que ser autocríticos, tenemos que vernos en el espejo […] empezando por el propio Presidente de la República. En noviembre de 2014 la información relacionada con la llamada Casa Blanca causó gran indignación. Este asunto me reafirmó que debemos actuar conforme a derecho. Somos responsables de la precepción que generamos por lo que hacemos. En esto reconozco que cometí un error que afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno. Les pido perdón (sic), les reitero mi sincera y profunda disculpa por el agravio e indignación que les causé”.

¿De qué nos pide perdón el inquilino transitorio de Los Pinos? En ningún momento en el contenido de su discurso nos explica qué falla cometió de la cual lo tenemos que perdonar. Su discurso es abstracto y nebuloso, no menciona si hubo un acto de corrupción o de ilegalidad; tampoco precisa de qué manera le afectó a su familia, suponiendo que no hubo un acto fuera de la ley, evade decir cómo es que lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno. Es, en efecto, una exposición evasiva y demagógica. Su disculpa es ambigua, ya que habla de ser autocríticos, pero no nos detalla de qué se autocrítica.

Por lo tanto, no lo podemos perdonar, puesto que el arrepentido Presidente no nos especifica su falta. ¿Acaso, cuando el licenciado Peña asiste a ejercer su derecho a confesarse ante un sacerdote de su religión le otorgan el “perdón” y la “penitencia” sin decir los pecados que cometió?

2. La política de las señas, de lo abstracto, de lo etéreo. Al titular del ejecutivo federal le construyeron un discurso que lo condujo a caminar en arenas movedizas. Como se observa en su texto, no dio ninguna pista de su error o pifia. Hablar de la llamada Casa Blanca implicaba señalar la génesis del conflicto, describir la operación de compra y venta, mencionar a la constructora adicta del régimen, decir con todas sus letras HIGA, eso por una parte; por otro lado, el ciudadano Presidente, si realmente hubiese querido exculparse en serio, debió señalar la burla que significó haber nombrado a un subalterno, al pequeño Virgilio (viajero frecuente a costa del erario público), para que lo exonerara (y de paso al vicepresidente Videgaray). ¡Eso sí fue una afrenta y una burla! De eso no habló el licenciado Peña. Insistimos, ¿de qué nos pide perdón?

3. Socialicemos los perdones como ejercicio de cinismo. Siguiendo el scrpit presidencial, ahora lo que sigue es que en los próximos días los secretarios del despacho salgan a los reflectores y ofrezcan perdón. Osorio Chong, tendrá que ofrecer disculpas por no garantizar la gobernabilidad democrática en el país, así de abstracto, sin decir en qué momento y de qué actores sociales y políticos habla; en seguida, Luis Videgaray deberá decir algún monosílabo que sintetice la crisis económica y los privilegios de un grupo de mexicanos, por supuesto, sin mencionar nombres ni empresas; en esa secuencia, Meade, con socarrona expresión, asumirá con una frase que no se ha reducido la pobreza, sin dar explicaciones ni su morfología multicausal. Todos se inclinarán y “pedirán” perdón. Así, seguiremos habitando en un país de simuladores y de canallas, que se carcajearán a la media vuelta.

Algo Más. ¿Qué pasa en el INEGI? ¿Quieren ocultar la pobreza? Necesitarán una alfombra gigante para poder meter abajo a los desposeídos.
pedropenaloza@yahoo.com/Twitter: @pedro_penaloz