imagotipo

La CDMX; entre el reconocimiento internacional y la realidad / Resplandores / Benjamin González Roaro

  • Benjamín González Roaro

Por si algo más hiciera falta, en las últimas semanas los capitalinos empezamos a padecer las consecuencias de los excesivos niveles de contaminación. Hasta hace unos meses, prácticamente resultaba común enterarnos de las recurrentes emergencias por polución en ciudades de China, India, Brasil, Japón o Indonesia.

Sin embargo, también han habido casos de éxito frente a este fenómeno global; tal es el caso de Canadá (Vancouver), Dinamarca (Copenhague) y Colombia (Bogotá). Valdría mucho la pena conocer a detalle estas experiencias y aprender de ellas.

Y bueno la Ciudad de México terminó por colocarse en el centro de la atención nacional e internacional por los altos índices de contaminación registrados recientemente, mostrando así a un Gobierno local ineficaz, rebasado y sin un plan serio para hacer frente a este problema.

Muchas opiniones se expresan sobre este tema y también múltiples propuestas están siendo aportadas por destacados especialistas; sin embargo, quiero llamar la atención sobre algunos puntos que en conjunto exhiben una inexplicable tendencia en la forma de gobernar. Desafortunadamente, se trata de un estilo que no es exclusivo de la capital, también ocurre en varias entidades del país y en diferentes campos de la agenda pública.

La alta contaminación que padece la Ciudad de México derrumbó distintos “logros” que se venían promocionando para fines totalmente ajenos a los habitantes de la capital. La realidad se encargó de exhibir el rotundo fracaso de las políticas ambiental y de desarrollo sustentable, conduciéndonos a una crisis que hoy está fuera de control.

En primer lugar, queda como mera caricatura el “Premio Internacional al Transporte Sustentable 2013”, con el cual el Grupo de Liderazgo Climático C40 reconoció la calidad del aire en la CDMX “como resultado de la aplicación de programas” en los últimos 23 años.

También, queda para el anecdotario el premio internacional Audi Urban Future Award, que la Ciudad de México ganó en 2014 por su “innovación y creatividad” para imaginar nuevas formas con las que la megalópolis puede enfrentar los retos de movilidad en el siglo XXI.

De nada sirvió que en el 2013 la CDMX fue galardonada con los City Climate Leadership Awards por su “liderazgo global en las políticas adoptadas para mejorar la calidad del aire”. Dicho reconocimiento fue otorgado por la organización C40 y la compañía alemana Siemens.

Y, sin ánimo de extenderme más, menciono el premio “La Ciclociudad 2013” que, a instancias del Gobierno de Dinamarca, otorgó el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo México por las políticas públicas, infraestructura, intermodalidad, presupuestos y sistemas de bicicleta pública en la ciudad.

En su momento, cada uno de estos premios y reconocimientos internacionales destacaron aquellos temas que la actual crisis se encargó de convertir en una verdadera falacia: el transporte, la calidad del aire, la movilidad urbana y el desarrollo sustentable. En pleno siglo XXI en el tema ambiental queda todo por hacer, aquello que se promocionó terminó por convertirse en un mito, tal vez en una farsa. México es el segundo país con mayor número de muertes por contaminación atmosférica de toda América Latina.

La crisis ambiental mostró que no se puede gobernar una metrópoli de manera cosmética, buscando la popularidad con reconocimientos que la realidad se encargó de desmentir.

La calidad de vida de los capitalinos, cuyo primer componente es el derecho a la salud y el derecho a un ambiente sano, no puede ser rehén de la improvisación y la insensibilidad.

Solo por mera curiosidad, tal vez interese saber a nuestros lectores que la organización Non Violence Project, dirigida por la artista Yoko Ono le otorgó a la CDMX el reconocimiento como “La Capital Mundial de la No Violencia 2013”.