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La CDMX no será un Estado I / Dr. Eduardo Andrade Sánchez

  • Eduardo Andrade

La Reforma Política del Distrito Federal cuya aprobación se encuentra en trámite requiere importantes precisiones. Aunque para muchos el concepto de “soberanía” de los Estados de la República resulta inútil, ilusorio o anticuado, ello obedece al desconocimiento teórico e histórico de la esencia de un Sistema Federal. Éste surge por la unión de varios entes políticos que tienen previamente la condición de Estados independientes, e incluso suponiendo que en la práctica no tuviesen tal condición, su carácter de Estados Unidos en un “pacto federal” implica que la Constitución es precisamente ese convenio del que cada Estado forma parte por voluntad de su pueblo y que una modificación de la naturaleza de esta unión federal, por ejemplo su conversión en un estado unitario no integrado por estados originalmente soberanos, facultaría a éstos a reasumir su soberanía, ya que la misma se cede a una instancia superior con la condición implícita de que esa instancia mantenga su estructura de República Federal y reconozca la soberanía original de cada estado integrante. La adopción no consentida de un régimen centralista que desconozca la soberanía de un estado, constituye la ruptura de dicho pacto federal y abre la posibilidad de que el estado reasuma su soberanía. Esto ha ocurrido en la historia como en los casos de Texas, que tomó como motivo para su separación de la República mexicana la aplicación de un sistema centralista a partir de 1836, y  de Yucatán en 1841 por la misma razón.

La capital de la República se establece en el sitio que determinan los estados federados. Ninguna parte de la nación tiene preestablecido dicho carácter y ninguna puede asumirlo por voluntad propia, de manera que la condición de capital del país, por definición, impide la posibilidad de una proclamación soberana realizada por el pueblo que la habita. De modo que ninguna parte del territorio puede tener a la vez la condición de capital y de Estado federado, ambos caracteres son lógica y teóricamente
excluyentes.

Atendiendo a estas consideraciones la Reforma Constitucional en materia Política que convierte al Distrito Federal en Ciudad de México es muy clara en cuanto a las diferentes características que atribuye a las partes de la Federación, unas son estados de la República dotados de soberanía, en tanto que la Ciudad de México dispone de “autonomía”.

El primer artículo que se modificó para efectuar estos cambios fue precisamente el segundo constitucional y ahí se hace evidente el argumento aquí expuesto. El texto anterior a la reforma aprobada al aludir a los sistemas electorales en zonas indígenas señala que se aplicarán con respeto al pacto federal y a la soberanía de los estados; a esta expresión se agregó: “y a la autonomía de la Ciudad de México”

No obstante, debe señalarse que el dictamen de la Cámara de Diputados está plagado de imprecisiones al respecto ya que por una parte se refiere a la autonomía de la Ciudad de México, pero en algunos párrafos introduce la idea de que ésta actúe de manera “libre y soberana en cuanto a su régimen interior”, lo cual no se corresponde con el articulado aprobado.

Es evidente el descuido con el que se redactó tal dictamen porque se indica que con motivo de la reforma se elevará el Distrito Federal a la condición “de entidad federativa” la cual quedó establecida desde el Texto Constitucional de 1917; así, ha sido el DF una parte de la Federación y por tanto una entidad federativa, si bien ni entonces ni con motivo de la reforma, tiene el carácter de Estado.

eandrade@oem.com.mx