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La ciudad desnuda / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estrabau

  • Gilberto Destrabau

La estrategia de minimalismo con que el carnal Mancero está manejando el desecho del “D.F.” como un clínex, y el advenimiento de la marca “CDMX”, es sospechoso. El cambio de nombre en capitales de países no es cosa de todos los días –cuando en 1924 el nombre de la capital de Noruega fue cambiado de Cristianía a Oslo hubo proclamación por el rey, fiestas nacionales durante una semana, y rebautizó de pueblos, calles y barcos– pero aquí, al suceso le han bajado el volumen, lo que tradicionalmente se interpreta como que se prepara alguna puñalada trapera. Aunque puede ser que las graves circunstancias que enfrenta la nación rechacen los festejos de grupúsculos con ajedrezada reputación.

A caballo entre la suspicacia y el terror, tengo para mí que la olla podrida de izquierdas que detenta el Gobierno capitalino -luego de haber mantenido un escándalo continuo durante años exigiendo la reforma política de Tenochtitlán –no quiere que los capitalinos nos demos cuenta de las manos en qué hemos quedado, pero ahora dejados de las de Dios y de la Federación. Son las mismas desde hace 20 años, pero nos confortaba que el Estado se hubiera reservado puntos de restauración –como se dice en cibernética– tales como el despido del jefe de Gobierno, el nombramiento de los funcionarios de seguridad y el control del presupuesto. De eso parece que sólo quedará el control del presupuesto, pero en lo demás quedamos tan desvalidos como Oaxaca y Michoacán –por sólo poner un par de ejemplos– y ya sabemos cómo les ha ido a los compatriotas que habitan esos purgatorios.
El municipio libre

Algo que apenas se ha rozado, pero que es fundamental, es la conversión de delegaciones en municipios. Olvídese usted de que estallará una epidemia del virus “NN” –nóminas y nepotismo– y concéntrese en el hecho incontrovertible de que el crimen organizado ha prosperado en México, gracias a que se ha infiltrado en los más de dos mil municipios en que está balcanizado el territorio. Nada garantiza –no por supuesto la integridad de los funcionarios y la eficiencia de la policía– que los municipios de la Ciudad de México puedan o quieran sustraerse a esa plaga maligna.

Ya municipalizada, en la capital levantará su invasiva cabeza el famoso Mando Único. Como se aplique, si se aplica, o el cruento desmadre que se armará si no se aplica, es otro tema para el insomnio.
La Constitución de izquierda

Uno de los principales puntos de venta de la Reforma Política aprobada, es que la capital contará con una constitución propia. La importancia de las constituciones propias en México es, para decirlo caritativamente, relativa. Hemos tenido varias, y a la actual le han hecho mil 134 reformas, lo cual inclina a suponer que es mudable y caprichosa. No la tan sabia como inamovible estructura que debe cimentar el país.

Y Mancero advierte que la constitución de la CDMX será “de izquierda y progresista”. (Se nota que jefe de Gobierno no tatacha fu: en la jerga socialistoide, izquierda y progresismo son sinónimos ).Plasmará los logros fundamentales: el aborto y los matrimonios igualitarios. Hágame usted el refabrón cavor.
Buenos días. Buena suerte.

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