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La ciudad que parece imposible

  • Federico Ling Sanz

Originario de la ciudad de Durango, en el norte del país, me mudé a la Ciudad de México para estudiar y posteriormente trabajar. Ya no vivo en ella, pero la extraño todos los días como extraño mi ciudad natal. Y me genera sentimientos encontrados. Me explico. Cuando estoy lejos pienso en la cantidad de ofertas culturales, profesionales, gastronómicas, sociales, políticas, económicas que ofrece la capital de nuestro país. Es una de las ciudades más cosmopolitas, diversas e interesantes. Con varios millones de habitantes, es imposible no pasar desapercibido, pero también, tener un pedazo de ella para cada uno. Durante los años que viví en la Ciudad de México fui muy feliz, pero también enfrenté contrariedades al mismo tiempo. A la distancia queda el recuerdo más vivo de las cosas buenas, y a veces, cuando me toca viajar (principalmente por trabajo) y sufrir las consecuencias de una ciudad que parece imposible, me acuerdo de las razones por las cuales la gente no puede tener mayor calidad de vida y se va.

El día de ayer me desperté con la noticia del incidente en el metro de la capital mexicana. Humo y desesperación por los vagones en la estación Juanacatlán y gente envuelta en pánico, según se puede ver en los videos en las redes sociales. Terrible. Se sigue sin hacer nada y sin resolver problemas que afectan a todos. No se ha dado mantenimiento al metro desde hace años, pero quienes sufren las consecuencias son los ciudadanos. Afortunadamente la tragedia no involucró (hasta ahora) ninguna consecuencia fatal. ¿Imaginamos si las hubiera habido? La realidad es que la Ciudad de México es un lugar que se acerca a pasos agigantados a ser una urbe imposible. Cada vez son más personas las que se quejan en las redes sociales del tráfico, de las inundaciones o de la inseguridad. ¿Cómo vivir en ello?

La razón tiene –a mi parecer– dos causas principales: la primera es la falsa federalización de nuestro país. Aunque la Constitución Política dice que nuestra organización es federal, la realidad es que somos una nación profundamente centralista, en la cual todas las decisiones se toman desde la capital. Esto genera una profunda concentración de personas, recursos, edificios, economías, puestos de trabajo, etc. Cuando el aglutinamiento sigue creciendo, se vuelve imposible la convivencia social.

La otra razón que genera los problemas que ya conocemos es la corrupción, que lleva a la inseguridad y la falta de Estado de derecho. Cuando la gente hace lo que quiere y no se siguen las reglas de convivencia comunitaria ni las leyes, entonces el caos sobreviene. La sociedad, el gobierno y todos, empezamos a creer entonces que la corrupción es cultural (me opongo) y la ciudad se vuelve imposible. Ya no sabemos entonces si la negligencia es mejor que la corrupción. De cualquier manera, los más vulnerables y desprotegidos son quienes acaban pagando el precio en nuestro país.

La Ciudad de México tiene muchísimo que ofrecernos a los mexicanos y a los extranjeros. Puede convertirse en un polo de desarrollo y atraer talento. Es una pena que, por negligencia, desinterés, corrupción o simplemente falta de planeación se esté cayendo a pedazos.
@fedeling