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La Comisión Bicameral de Seguridad Nacional / Poder Nacional / Javier Oliva

  • Javier Oliva Posada

LONDRES. Los congresos de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Colombia, España, entre la gran mayoría de las democracias consolidadas, desempeñan un papel indispensable de colaboración en el análisis, discusión y confección para la aplicación de programas, medidas y leyes que les permitan al Estado, Gobierno y sociedad estar en las mejores condiciones para hacerle frente a los antagonismos contemporáneos. Aunque sea una obviedad, hoy, el mundo se encuentra en una de esas graves coyunturas en donde las propuestas y reflexiones, aunadas a la aplicación de la fuerza y la disuasión, pueden o no restablecer los precarios equilibrios geopolíticos.

Creada al calor de los graves acontecimientos en materia de Seguridad Pública (primera y grave confusión con la Seguridad Nacional), tiene, entre otras funciones, solicitar informes a las dependencias que integran el Gabinete de Seguridad Nacional, conocer el proyecto anual de la Agenda Nacional de Riesgos, llamar a comparecer a los titulares y funcionarios de las dependencias federales que cumplan un papel relevante en la preservación de la Seguridad Nacional. El problema –anómalo- en una democracia consolidada, es que todas son de carácter reservado y secretas. Solo nos enteramos de los muy importantes asuntos tratados mediante filtraciones o indiscreciones. Si se revisan los casos mencionados en el primer párrafo, la mayor parte de las sesiones son abiertas al público, y desde luego a los medios de comunicación. En nuestro país, al menos desde la perspectiva del Poder Legislativo, se sigue tratando la seguridad nacional como un asunto arcano, misterioso y secreto.

Las muy serias complicaciones que hay en la agenda internacional de seguridad, derivados de los atentados terroristas y sus efectos en Francia, Malí, Túnez, Turquía, Rusia, solo para referirme a los más recientes, desde luego que conciernen a México y demandan algo más que encuentros a puerta cerrada. Cuando, por ejemplo, los representantes de las agencias civiles de seguridad e inteligencia en Estados Unidos asisten a las comisiones tanto de la Cámara de Representantes como del Senado, lo hacen en público. Por supuesto que hay temas sensibles que se reservan, pero no es lo usual.

La persistencia de las organizaciones criminales para adaptarse, reestructurarse y diversificarse ante las presiones de las autoridades reclama una seria y pertinaz concurrencia de los Poderes de la Unión. Así lo vemos y como lo han comentado otros analistas, ya pasó un año del envío de diez propuestas por parte del presidente de la República, Enrique Peña Nieto, y ni siquiera su partido, el PRI, les ha dado la relevancia pertinente. Como si la violencia, inseguridad y miedo de la población no fuera suficiente argumento para actuar en consecuencia y prontitud.

La integración de la Comisión Bicameral, ideada, es para que no pueda tomar decisiones y solo quede en recomendaciones; tres senadores y tres diputados federales. Como tampoco no inciden en las decisiones de fondo en la materia, solo funcionan como área de recuperación de informes. Caracterizada por la improvisación desde su creación, hoy tiene un reto fundamental (oportunidad) para contribuir al diseño de una serie de medidas que en su conjunto sean las que la nación y la sociedad demandan. Solo para dejar un apunte: ¿hasta cuándo se van a discutir y aprobar las medidas necesarias para que las Fuerzas Armadas puedan seguir en su fundamental tarea de apoyo (a veces, total responsabilidad) para recuperar la paz pública y el Estado de Derecho?
javierolivaposada@gmail.com