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“La Comuna”, del danés Vinterberg, realza la competencia | Alexis Grivas

  • Alexis Grivas

BERLÍN. Alemania.- Mientras que el festival se enfila hacia la meta final con la proclamación de los palmarés el sábado próximo, la competición se realzó de manera muy significativa a raíz de la presentación de La Comuna, el último filme del danés Thomas Vinterberg.

El cineasta regresa en la Berlinale, después de Submarino, presentado en 2010, mientras que las películas que le dieron fama internacional como Festen (Fiesta Familiar) en 1998 y La Caza en 2012, fueron estrenadas en el festival de Cannes.

Vinterberg retoma aquí temas más personales cercanos a los tratados en Festen y lo hace de manera magistral, reuniéndose con actores como Trine Dyrholm y Ulrich Thomsen, con quienes había trabajado en aquella tan importante película.

Ellos interpretan los papeles principales, la pareja de una presentadora de noticias en la televisión y de un arquitecto tratando en su meollo. Él como ella pierden su lugar en la familia, a la vez que la hija adolescente de ellos adquiere sus primeras experiencias adultas.

Todo esto sucede en el contexto de una comuna en Copenhague, cuando la pareja, al heredar una gran casa, invita a sus amigos a vivir con ellos. Esta forma de convivencia, justamente conocida como “La comuna” que tuvo su apogeo en Dinamarca en los 70 y los 80, esta presentada aquí con una autenticidad que seguramente no es ajena al hecho de que el mismo director vivió con sus padres en una comuna de los siete a los 19 años….

Aunque él mismo pone en claro que lo desarrollado en el guión de la película, coescrita con su colaborador Tobias Lindholm, no es estrictamente autobiográfico el tacto y la sensibilidad con la que la película está dirigida, tiene seguramente que ver con las experiencias de Vinterberg a lo largo de sus años formativos en la comuna.

Si la película resulta una brillante demonstración del potencial del director, las interpretaciones de todo el grupo de los actores son otro tanto excelentes, demostrando además la capacitad de Vinterberg de “conectar” con sus intérpretes, algo que se hacía patente desde Festen, donde se trataba igualmente de un considerable grupo de actores con los que el director logró crear un excepcional y convincente ambiente, en aquella película rodada bajo las reglas del “Dogma” lanzado, entre otros, por Lars von Triers y que exigía la utilización del mínimo estricto de técnica-iluminación, movimientos de cámara, etc., en la elaboración de los filmes.

Mucho tiempo ha pasado desde los 90, el “Dogma” pertenece ya a la historia del cine, pero mientras tanto, Vinterberg sigue siendo uno de los mejores exponentes del cine mundíal, ensayándose con desigual suerte, es cierto, en varios estilos y temáticas, pero sin duda avanzando de película a película, llegando a ofrecernos ayer, quizás, su filme más personal y maduro.

EL REALIZADOR danés, Vinterberg, nos presenta a sus hijas: Nana (izquierda) e Ida; con ellas, la actriz Helen Reingaard (derecha).

EL REALIZADOR danés, Vinterberg, nos presenta a sus hijas: Nana (izquierda) e Ida; con ellas, la actriz Helen Reingaard (derecha).

No me cabe duda que el jurado, liderado por Meryl Streep, será sensible tanto a la prestación de todo el grupo de los intérpretes como al trabajo de Vinterberg como director y coguionista, y quien a mi parecer podría fácilmente aspirar por lo menos a un Oso de Plata como mejor director a la hora de la premiación.

No diría yo otro tanto del resto de las películas en competición de estos dos últimos días: Contracorriente, del chino Yang Chao, resultó un ambicioso y poético pero caótico viaje en el emblemático rio Yangtze, de un capitán de marina mercante quien, a la muerte de su padre, va a la búsqueda tanto del espíritu de su progenitor como de una eventual compañera para él mismo…

Mientras que Las Noticias del Planeta Marte no estuvo a la altura de la inspiración y de los logros en el terreno surreal, demostradas por el cineasta francés Dominik Moll en sus películas anteriores a partir del año 2000, cuando fue revelado en Cannes con su prometedor segundo filme Un Amigo, quien quiere ayudar seguido por Lemming en 2005.

– Intermedio de una hora

Lo que si merecería mención aparte es el inusitado hecho de la presentación en competición de un largometraje filipino de siete horas de duración… La proyección empezó ayer a las 09:30 de la mañana y concluyó a las 17:30, incluyendo un corte de 60 minutos….

Se trata de la película Una Canción Para un Triste Misterio dirigida por Lav Díaz. Este título, casi a la manera de Gabriel García Márquez, tiene algo similar a los 100 Años de Soledad, donde a través de un espacio largo de tiempo y con un estilo cercano al “realismo mágico” del escritor colombiano, pero a la manera filipina, Díaz se da a la búsqueda de la suerte y de quien fue en realidad Andrés Bonifacio y del Castro, a quien se le considera como un prócer de la patria por su lucha por la independencia de las Filipinas por los colonizadores españoles. Mitología, hechos reales y un sentido muy elaborado y documentado de la historia, se mezclan en una película que merece sus siete horas de duración.

La decisión del director del festival, Dieter Kosslick, y de su equipo de dar cabida a una película de estas características en la competición, habla de por sí de los riesgos que tradicionalmente está dispuesto a asumir este certamen fílmico.

Por otro lado, y para contextuar el cine de Díaz, cuyos filmes no son de los que fácilmente llegan a las salas de exhibición comerciales, sus películas anteriores se han estrenado y ganado premios tanto en Locarno en 2014 (Leopardo de Oro para De lo que era Antes, de cuatro y medio horas de duración) como en la misma Berlinale en la sección Forum en 2000 (Desnudos bajo la luna).

– Enseñanzas mexicanas

El alcance del festival le permite pasar con facilidad de Filipinas a África en un solo día como el de ayer, en el que el World Cinema Fund, la sección del certamen que apoya con fondos a la producción proyectos seleccionados, provenientes de países de escasos medios para la producción, se dedico a presentar proyectos de naciones de África en busca de coproductores.

Similar es la tarea del Berlinale Coproduction Market, que opera dentro del marco del Mercado Europeo del Film (EFM), acompletado por las actividades del Berlinale Talents, al que acuden jóvenes cineastas recién egresados de sus estudios cinematográficos, buscando aquí capacitación bajo la orientación de renombrados representantes del cine mundial.

Dentro justamente de este contexto, las actividades mexicanas fueron muchas y variadas en estos dos últimos días. El Imcine patrocinó la comida oficial con la que el EFM lanzó el foro sobre los documentales (Doc Industry), mientras que el cineasta nacional, premiado aquí por su Lake Tahoe en 2008, Fernando Eimbcke, condujo la mesa redonda sobre guión para los alumnos del Berlinale Talents. Eimbcke participa también en el Berlinale Coproduction Market, con su nuevo proyecto desarrollado a lo largo de unos meses del año pasado, en su calidad de becario del programa Berlinale Residency.

Más talento mexicano destacado intervino aquí en las mesas redondas de las secciones mencionadas. Michel Franco, miembro del jurado oficial para la primera película se reunió con su coproductor y director Gabriel Ripstein (premio a la primera película en 2014 aquí por 600 millas) especialmente invitado para ofrecer juntos una charla a los alumnos del Berlinale Talents sobre su modo de trabajar juntos, alternándose en los papeles de realizador-productor.

/arm