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La corrupción somos todos

  • Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

Uno de los peores momentos de la historia contemporánea de México fue cuando el candidato oficial decidió hacer su propaganda con el tema “La solución somos Todos”. Por supuesto que los grandes genios de la mercadotecnia añadieron una serie de refranes con base en la palabra “Todos”, hasta que la sabiduría popular creó el más recordado: “la corrupción somos Todos”. Pero esto tiene un doble significado: el que ese régimen sería recordado por la corrupción, pero también que todos, por tolerarla, somos culpables de que exista.

No es seguro que el sexenio de José López Portillo haya sido el más corrupto que ha habido en México, pero al no ser caracterizado por el autoritarismo, la corrupción lo definió. Al término de ese sexenio comenzó a despertar la sociedad mexicana, la que en 1985 reaccionó al terremoto e inició el principio del fin de los controles a los medios de comunicación. Desde entonces se publican casos de corrupción. No es que antes no existieran, pero como no se divulgaban no eran evidentes.

Es ampliamente conocida la corrupción en sexenios anteriores. Muchos secretarios, y Presidentes mismos, tuvieron casas mucho más lujosas de lo que podían tener por su salario, pero nadie los cuestionó. Funcionaban los controles a través del miedo, del compadrazgo o de la compra de reporteros y redactores, por lo que la corrupción no era evidente ni documentada aunque fuera flagrante.

Al disminuir los controles a medios de comunicación, la sociedad tomó conciencia de la corrupción. Crecieron las protestas y las inconformidades contra quienes sacaban provecho de ella. Se hablaba del mal, pero no lo combatía con eficiencia. Los legisladores en vez de reducir y facilitar trámites para evitarla, urdieron esquemas para sacar provecho de autorizaciones a Gobiernos estatales y municipales. Se llegó al extremo de buscar sistemas anticorrupción como si todo pudiera ser prevenido. Se diseñaron medidas para detectar desviaciones y, sobre todo, para sancionar comportamientos ilícitos, pero no siempre con éxito.

Pero lo que no se ha hecho es reforzar los valores humanos: el del trabajo, el de la honestidad, el del bien ser y el del bien actuar. Rescatar la ética como base de toda relación humana, en especial en las áreas de gobierno, es básico. Que el actuar de todos siempre sea honesto, solidario y respetuoso para la comunidad, no para sacar provechos egoístas a costa de los demás. Si todos trabajemos con ética bajo valores comunes la corrupción podrá inhibirse y se castigarán las excepciones que se den.

La corrupción a todos nos molesta y a todos nos hiere, solo la desean quienes toman ventaja de ella, o desean hacerlo si se les presenta la oportunidad. Mientras la mayoría busca terminar con ella, unos pocos sacan provecho de ella. Mentira que la corrupción seamos todos. Quienes estamos en contra de ella, que estoy seguro somos una muy amplia mayoría, estamos obligados a denunciarla cuando sepamos de ella o veamos muestra de ella. Tolerarla también es corrupción.
daaiadpd@hotmail.com