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La corrupción somos todos / Libertad Bajo Palabra / Pedro de León Mojarro

  • Pedro de León Mojarro

“Quienes creen que el dinero lo hace todo terminan haciendo todo por dinero”.

Voltaire

A riesgo de sonar redundante con un tema que hoy está en boca de todos, es necesario insistir en el tema de la corrupción, porque constituye un cáncer que carcome nuestras instituciones.

En México, la corrupción cuesta 890 mil millones de pesos al año, según la mundialmente conocida firma Ernst & Young, y suele tomar fuerza en la discusión pública intermitentemente, sin que esto tenga consecuencias en el mejoramiento de los mecanismos preventivos y punitivos para quienes en nuestro país violan las instituciones.

Ya a fines del año pasado, la ONU difundía, con motivo del Día Internacional Contra la Corrupción, que éste es el mayor obstáculo para el desarrollo de los países emergentes; debido a este flagelo se pierden diez veces más recursos que los invertidos a la promoción del desarrollo social. Según datos del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), el costo asciende a más de tres billones de dólares, es decir, más del cinco por ciento del PIB mundial.

Según el estudio Desigualdad Extrema en México, Oxfam dejó claro que el origen de las grandes fortunas en nuestro país está estrechamente relacionado con los contratos del sector público y las empresas privadas, así como con la evasión de impuestos de las empresas más grandes.

Corrupción e impunidad hacen la mancuerna perfecta para la descomposición institucional de un Estado, porque perpetúan el círculo vicioso de desconfianza hacia la autoridad y apatía ante las reglas del juego.

En 2015, México ocupó el segundo lugar con mayor índice de impunidad de 59 países miembros de la ONU, medidos por el Índice Global de Impunidad elaborado por la Universidad de las Américas de Puebla y el Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia de Puebla.

Corre ya el cuarto año del Gobierno del presidente Peña y las leyes anticorrupción siguen durmiendo el sueño de los justos. Se aprobó el Sistema Nacional Anticorrupción, sin embargo, las leyes reglamentarias no se aprueban. Sería deseable, ojalá y así suceda, que la actual legislatura federal se diera el tiempo, y sobre todo hubiera la voluntad política, para aprobar las reglamentarias que se requieren.

A este paso, si bien nos va, en 2016 estaremos viendo solo la aprobación de la legislación pendiente en la materia, pero no la puesta en marcha del sistema. Necesitamos que la justicia aterrice de la abstracción constitucional a los hechos, vía las leyes secundarias y su aplicación efectiva.

Según las encuestas, inseguridad, corrupción e impunidad, junto con el empleo, están entre los problemas más sentidos por la sociedad mexicana. La inseguridad tiene atemorizada a la gente; sin embargo, corrupción e impunidad son lo que más agravian a la población y son las causas principales de la desconfianza, distanciamiento e indiferencia generalizada.

Lento, pero seguro, la sociedad mexicana cada vez más toma conciencia del grave problema de la corrupción. En los últimos años, menos de tres personas de cada 10 acepta la corrupción; más del 70 por ciento la rechaza.

Muchos han insistido en que “la corrupción somos todos”, ya sea por comisión, omisión o desinterés. Si esto es así, entonces obligadamente la solución también es de todos; el encono de nada sirve sin organización y movilización para exigir la solución que todos queremos.

A la larga es más costoso para cada uno de nosotros vivir inmersos en un sistema institucional carcomido por la corrupción y la impunidad; tomemos conciencia, sociedad y Gobierno, que siempre será mejor sujetarnos al imperio de la ley para recuperar la credibilidad y participación entre la sociedad y el Gobierno.

Y si usted, lectora, lector querido, no tienen inconveniente, muchas gracias por sus amables comentarios y aportaciones, nos leemos el próximo jueves.
Facebook: Pedro de León Mojarro

Twitter: @Pdeleonm

Sitio Web: www.pedrodeleon.mx

*Miembro de Unidos Podemos A.C.