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La Corte y la mota / De Cara al Sol / Andrea Cataño Michelena

  • Andrea Cataño

Primera Parte

Hace algunos días el ministro de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, salió con la literal marihuanada de trabajar un proyecto en el que propone declarar inconstitucionales las leyes que prohíben el uso de la marihuana para consumo personal y con fines recreativos, en los que se basó la Comisión Federal contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) para negar en 2013 un permiso de producción y consumo al grupo Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsables y Tolerante (SMART).

Según este grupo, los ciudadanos tienen derecho a decidir sobre su “personalidad”, es decir, sobre lo que ingieren y le hacen a su cuerpo y que el Estado no se los debe prohibir mediante las leyes que buscan declarar como inconstitucionales; este es el argumento en el que se basa el proyecto del ministro Zaldívar y en cuyos últimos apartados se plantea declarar la inconstitucionalidad de los artículos 235 (último párrafo), 237, 245 (fracción I), 247 (último párrafo) y 248 de la Ley General de Salud, que prohíben sembrar, cultivar, cosechar, preparar, poseer y transportar sustancias enervantes “exclusivamente a las porciones normativas que se refieren al estupefaciente ‘cannabis’”.

De autorizarse la producción y el consumo de esta droga psicoactiva, se tendría que contar con el permiso de la Cofepris, por lo que la resolución de la Corte solo beneficiaría a las personas que se ampararon contra la resolución -no a toda la población- de esta institución que negó la posibilidad de sembrar y consumir la droga sin fines de lucro. Visto así, no parecería tan grave. Pero (y este, pero es grande) la decisión sentaría precedente para otras organizaciones con pretensiones similares y se plantearía un dilema: Si cada individuo tiene el derecho de hacer con su cuerpo y “personalidad”, ¿para qué conservar restricciones a los somníferos, ansiolíticos, anorexígenicos, antidepresivos, antipsicóticos, barbitúricos y todo el arsenal de medicamentos que modifican la conducta? De una vez que las vendan junto con los cigarros y el alcohol, claro que solamente a adultos mayores de 18 años, tal como ocurre con las drogas legales. ¿Acaso usted, querido lector, ha visto por casualidad a un escuincle fumando o bebiendo? ¿Verdad que nunca?

Y es que aquí está el meollo de la mariguana: daña severa y permanentemente a los adolescentes y, por supuesto, es la puerta de entrada para otras drogas. No olvidemos que la gran mayoría de los adictos es “metodista”, o sea que se mete de todo.

Eso del libre “desarrollo de la personalidad” es una auténtica marihuanada, puesto que la cannabis lo que hace es justamente lo contrario, al poner a quien la consume en estado lelo. Sin embargo, los efectos de la marihuana no son de risa, no es una droga inocua, menos dañina que el tabaco, que no causa adicción, según pregonan sus defensores.

La evidencia científica demuestra lo contrario. Se trata de la droga que más y más tempranamente se consume en el mundo. Es mentira que no tenga potencial adictivo. Como sucede con otras sustancias, no todos los que fumen desarrollarán la adicción, pues en ello intervienen múltiples factores que varían en cada individuo. Sin embargo, los estudios indican que su uso tiene efectos agudos y crónicos perjudiciales para la salud. Entre los agudos están las alteraciones cognitivas y psicomotoras, lo que aumenta el riesgo de sufrir accidentes.

Entre los efectos crónicos, es posible asegurar los problemas de memoria y de comprensión que perjudican la capacidad de procesar y recordar la información, por lo que el uso de esta droga está ligado (de forma documentada) con el fracaso escolar y el descenso permanente del coeficiente intelectual.

Se me acaba el espacio, pero la próxima semana continuaré con este tema que controvertido, pero de la mayor importancia y que antes que otra cosa, debe verse desde el punto de vista de la salud pública.
andreacatano@gmail.com