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La Corte y la mota (Segunda parte) / De Cara al Sol / Andrea Cataño Michelena

  • Andrea Cataño

Para quienes todavía no lo tienen muy claro, la decisión de la Suprema Corte de Justicia del pasado miércoles no está legalizando el cultivo, la venta y el consumo de la marihuana. Solamente se ha pronunciado con relación al amparo presentado por cuatro personas que consideran que es inconstitucional que el Estado les impida el “libre desarrollo de la personalidad” implícito en el cultivo de esta droga para su uso personal. Así, que: ¡motorolos tlahuicas, aún no canten victoria!

Desafortunadamente, esta resolución sienta precedente y, con otros tres amparos más que se resuelvan a favor, se crearía “jurisprudencia” que, para efectos prácticos, equivaldría a un fast track para la legalización.

Existe sobre el tema una enorme ignorancia. Los partidarios de la legalización creen que con tal medida se acabaría el narcotráfico. No es así. En primer lugar, como ocurre con las drogas hasta ahora legales, el alcohol y el tabaco, debe existir un marco regulatorio. Obviamente, el consumo de marihuana quedaría también prohibido a los menores de edad, lo que es eufemismo puro. Quienes más consumen o abusan del alcohol y del tabaco son menores de edad. En segundo lugar, aunque producir y comercializar cigarros y bebidas embriagantes sea un negocio lícito, no ha terminado con las actividades criminales relacionadas con estas dos sustancias. Hace poco se dio a conocer que el 80 por ciento del alcohol que se vende y consume en México es adulterado y, me imagino, que este delito no lo cometen las monjitas que hacen rompope, sino el crimen organizado, es decir, los mismos cárteles que se dedican al trasiego y tráfico de marihuana y otras drogas como la cocaína, la heroína, el crack y las drogas de diseño. En cuanto a los cigarros, esta misma semana se destruyeron 80 toneladas de cigarros apócrifos que contenían toda clase de venenos, cianuro incluido y muchos de estos cigarros ilegales se venden individualmente en la calle también a menores. De nuevo, el crimen organizado está detrás. Por lo tanto, el hecho de que eventualmente la marihuana sea legal en México, no significa que su tráfico criminal desaparezca, pues habrá millones de adolescentes a quienes vendérsela y así como traficarla a otros países.

La marihuana sigue siendo la principal droga ilegal de inicio a edades cada vez más tempranas y es la puerta para el consumo de otras sustancias. No lo digo yo, está en la Encuesta Nacional de Adicciones 2015 y en los estudios publicados por Centros de Integración Juvenil, A. C., institución pionera en México en la prevención, el tratamiento y la investigación de las adicciones desde 1967. En sus anales de investigación y tratamiento están documentadas las evidencias de su poder adictivo de sus daños irreversibles en el cerebro de los niños y los adolescentes.

Por otra parte, existe una premisa real: a mayor disponibilidad, mayor consumo y a mayor consumo, mayores riesgos para la salud física y psicológica, puesto que la mariguana produce daños físicos similares a los del tabaco y -paradójicamente a lo que argumentan los adultos que se ampararon-, estragos a la personalidad en desarrollo de los menores, como son el síndrome amotivacional y la psicosis paranoide.

México no está preparado para afrontar la crisis de salud pública que causaría la despenalización de la mariguana en el corto plazo. Parece que los pro pachecos lo ignoran como ignoran también que la resolución de la Suprema Corte no vislumbró siquiera esta gravísima arista del problema.

andreacatano@gmail.com