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La crisis de Venezuela

  • Pedro de León Mojarro

El problema para el actual presidente venezolano es la constitución que dejó en 1999 promulgada el expresidente Hugo Chávez, según la ley, éste debe permanecer en función hasta el 5 de enero del 2021.

El presidente Maduro busca una nueva Constitución para desplazar la Asamblea Nacional mayoritariamente de oposición y crear las bases para un nuevo régimen y con este perpetrarse en el poder.

En otra circunstancia podría haber sido factible tal medida, sin embargo en la polarización y deterioro en el que ha caído Venezuela la situación en lugar de resolverse seguramente se agravará.

Según datos del Banco Mundial el déficit en la balanza comercial rebasa el 10%, la inflación anda cercana al 750%, la depreciación de la moneda rebasa el 50%, todo esto junto a una generalizada escasez de productos básicos necesarios para la alimentación de la población.

A Venezuela como a México les pasó lo mismo, la bonanza petrolera nos volvió desobligados en el ejercicio del gasto, se crearon distintos programas y sobre todo enormes burocracias que ahora en la crisis de los hidrocarburos no hay forma de sostener.

El actual gobierno de Venezuela, en su mal entendida revolución bolivariana, nacionalizó un gran número de empresas privadas que a la postre como siempre sucede se convirtieron en una carga difícil de llevar.

Al principio del gobierno de Hugo Chávez la vertiente de justicia social fue muy favorecida, la pobreza se redujo del 50% al 30%, y la pobreza extrema del 22% al 2%, el índice de Gini se colocó en 0.41 siendo uno de los más bajos en los países de Latinoamérica.

En la actual circunstancia de una gran crisis económica y política, donde día a día aumentan las marchas de inconformidad ante la cerrazón de Nicolás Maduro, la situación se complica por la disputa entre una oposición enormemente beligerante y un gobierno decidido a aplastarla.

Con la decisión del presidente Maduro de desaparecer al parlamento actual y sustituirlo con una asamblea nacional constituyente, la oposición convocó a un referéndum por el “NO” en el que votaron alrededor de siete millones de inconformes y según datos oficiales la elección del domingo pasado, ocho millones de un padrón de 19 millones de venezolanos votaron por 545 asambleístas.

Estando en entredicho las cifras, porque unos a otros acusan ilegalidad, lo cierto es que opositores y gobierno prácticamente están divididos en dos partes; con la agravante de que Maduro tiene “el sartén por el mango” al ser él la cabeza desde el gobierno en la innecesaria lucha que vive ese país hermano.

Estando en desacuerdo con las arbitrariedades de un dictadorzuelo, cuyo único interés es mantenerse en el poder por el poder, aunque esté ya se le fue de las manos, porque por lo que se ve solo le queda el control del ejército y sus clientelas populares.

Lo único que queda es el llamamiento a una solución pacífica y desde México sin regatear la necesaria solidaridad con el pueblo venezolano, también refrendar la Doctrina Estrada que le dio un lugar a México en la historia de las relaciones internacionales, al plantear la solución pacífica de controversias, no intervención y autodeterminación de los pueblos.

*Miembro de Unidos Podemos A.C. ZACATECAS

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